Acciones y reacciones sobre el Paro de Mujeres

Cómo se originó el Paro Internacional de Mujeres que se movilizó en más de 50 países el 8 de marzo. El accionar de la policía al finalizar la marcha en Plaza de Mayo.

698

La multitud de personas que se movilizó desde el Congreso de la Nación hasta la Plaza de Mayo configuró una jornada histórica que reunió a más de 50 países en el marco del Paro Internacional de Mujeres (PIM).

El objetivo, conmemorar la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos y bajo la consigna de “Ni una menos, vivas nos queremos”. El Día internacional de la mujer recuperó su carácter combativo, y volvió a las mujeres protagonistas de un hecho histórico inundando las calles de poder femenino.

Una movilización en el mundo

Luego de una serie de huelgas de mujeres alrededor del mundo, a fines de octubre del 2016, las mujeres polacas se contactaron con diversas agrupaciones feministas bajo el lema “Solidaridad es nuestra arma” para organizar un Paro Internacional de Mujeres.

(Foto: Flor Sabieno)

Se contactaron con Ni Una Menos Argentina diciendo: “sin una consolidación mundial no vamos a conseguir lo que nos proponemos. Lo mejor que podemos hacer es salir en solidaridad con otras mujeres, porque todas estamos viviendo lo mismo: una fuerte consolidación machista en el momento de una crisis mundial. Cada país tiene sus razones, porque el machismo tiene varias facetas”. Este fue el origen de la movilización que tuvo lugar en diferentes provincias de nuestro país y a lo largo de todo el mundo. Una huelga de mujeres para recalcar que están en plan de lucha, y no de conseguir descuentos en un shopping.

Los reclamos inundaron las calles denunciando víctimas de violencia de género cada 18 horas; pidiendo aborto legal, seguro y gratuito; exigiendo la libertad de Milagro Sala, presa política, y la libertad de Higui, mujer que fue hostigada por ser lesbiana y atacó a uno de sus diez agresores sexuales; porque la brecha salarial por el mismo trabajo y la falta de perspectiva de género como materia de capacitación continúa perpetuando la desigualdad social tanto en ámbitos públicos, como en los privados; por el trabajo doméstico no remunerado; demandando que el Estado se haga presente mediante políticas públicas y se haga responsable para acabar con la violencia machista y lograr la igualdad de derechos.

La respuesta: represión

El día previo a la marcha del 8 de marzo seis mujeres del Colectivo Ni Una Menos y otras agrupaciones feministas fueron detenidas en la Capital tras la denuncia de tres varones que las acusaron de estar realizando pintadas sobre la convocatoria.

Las llevaron a la Comisaría 9na (Bartolomé Mitre al 1735), luego de revisar sus pertenencias sin previa autorización. Las detuvieron allí durante horas. Finalmente fueron liberadas por la presión de las compañeras que se movilizaron para ayudarlas. Este hecho se repitió al finalizar la marcha con detenciones ilegales y completamente arbitrarias.

Las acciones de un grupo de manifestantes frente a la Catedral Metropolitana al finalizar el acto en la Plaza de Mayo fue reprimida por las fuerzas policiales mediante gases lacrimógenos y golpes. Finalizada la movilización, un grupo de policías arrestó violentamente a un grupo de mujeres que salían de cenar y a otras que estaban esperando el colectivo a unas pocas cuadras de la concentración, constituyendo una verdadera razia. Esta respuesta se replicó en varias ciudades en el mundo como Moscú, Nueva York y Turquía, porque la justicia patriarcal acciona con velocidad a la hora de perseguir, pero no reacciona al momento de defender.

Entre las detenidas había dos periodistas: Violeta, que cubría para Manifiesto y Laura Arnés de Página 12. Además, había tres mujeres migrantes y del colectivo lésbico que fueron agredidas y discriminadas.

(Foto: Flor Sabieno)

El testimonio de Laura, una vez liberada, relata que “hacia dos horas que estábamos cenando, nos habíamos levantado para ya volver a nuestras casas, una compañera fue al baño y mientras estábamos esperando aparece la policía corriendo diciendo que teníamos que despejar, todos sin identificación, había algunos de civil, agarraron a unas de nuestras compañeras de los pelos y la tiraron al piso, yo la quise agarrar, me tiraron a mí, nos golpearon, nos dijeron que éramos unas negras de mierda y que por eso íbamos a ir presas y que si nos resistíamos nos iban a romper los brazos y nos llevaron, ni siquiera sabíamos por qué estábamos siendo detenidas”. La violencia institucional dejó a cuatro mujeres internadas en el hospital Argerich por los golpes y la intoxicación de los gases lacrimógenos. Por otro lado, las detenidas fueron liberadas al otro día a la mañana por la presión del movimiento feminista y de los organismos de DDHH.

Desde las organizaciones denunciaron que fue una “cacería de mujeres” en un intento de disciplinar al movimiento de mujeres, lesbianas, bisexuales, trans y travestis organizadas. En la conferencia de prensa del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) se determinó que “este tipo de eventos no desalientan, si no que organizan”. Ante el miedo, ellas se organizan. Esto se puede ver en la cara de cada mujer que recorrió las calles, con los ojos llenos de lucha y fuerza a pesar de los femicidios y la violencia machista. Mujeres en solidaridad por las que no están presentes para luchar, por las que ya no tienen voz reclamando libertad, igualdad y dando la batalla cultural día a día.

Marta Dillon, referente del colectivo Ni Una Menos, explicó al portal Política Argentina que “para sostener el relato de la ‘mujer violenta’ necesitaban que haya detenidas” y además agregó: “la construcción de la ‘feminazi’ no es inocente, sino que busca disciplinar nuestras manifestaciones y amedrentar a quienes se acercan por primera vez para reclamar por sus derechos”.

4-gif BANNER CHICO 515x65