Desinformar es violencia (como mentir)

La forma en que algunos medios de comunicación nacionales informaron los sucesos del sábado en Olavarría desnuda una crisis en los valores del periodismo.

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No es objetivo de este artículo analizar los hechos que sacudieron a Olavarría este fin de semana. Lo que pasó en el recital del Indio dejó al desnudo la profunda crisis del periodismo, una marca de época cuyas consecuencias muchas veces no se alcanzan a identificar.

La falta de ética y profesionalismo de algunos periodistas y empresas de comunicación no sólo dejaron de hacer algo útil en medio de una emergencia, sino empeoraron una situación más que compleja.

No hace falta ser analista de medios para darse cuenta de la angustia que podría sentir un familiar ante una catástrofe que empeoraba minuto a minuto, con títulos fuertemente adjetivados, contadores de cadáveres y toneladas de basura mal llamada información. Sólo hace falta tener algo de empatía con el prójimo. Pero la soberbia y el individualismo fueron regla la noche del sábado, sin compasión para quienes buscaban alguna certeza, publicando preocupados fotos y nombres en las redes sociales.

Si la empresa que organizó el recital y el Estado son responsables de dos vidas, los medios de comunicación que salieron desbocados a enumerar muertos sin tener datos precisos, se cargaron al menos una. Una familia de Berazategui tuvo un accidente fatal en la Ruta 3 (que de por sí es peligrosa), al salir en auxilio de sus seres queridos bajo la desesperación de avalanchas humanas y 7 o 10 o más muertos. Eso es una consecuencia de la falta de escrúpulos por vender un titular, por tener una primicia u operar políticamente sobre una tragedia. De más está decir que es un costo excesivo.

Lejos de los titulares están los miles de gestos de solidaridad entre los vecinos de Olavarría y el mismo público, que demuestra que la fraternidad es regla fuera de las pantallas de los grandes medios de comunicación, cada día más carentes de humanidad.

 

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