Micaela quería una sociedad más justa

A una semana de la movilización en Capital y en todo el país por el femicidio de Micaela García, un caso que conmocionó a todo el país, en un contexto en el que la violencia de género se agrava.

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Saliendo de la boca del Subte ya se escuchaba a una multitud de personas organizadas para reivindicar la lucha por la igualdad de género como lo hacía Micaela, la joven de 21 años que fue hallada abusada y estrangulada el sábado, una semana después de su desaparición.

Micaela salió a bailar y no regresó. Su ausencia se sintió cuando el 1 de abril, como todos los sábados, ella no llegó al comedor de Villa Mandarina donde hacía trabajo voluntario. Nacida en la ciudad de Concepción del Uruguay en la provincia de Entre Ríos, estudiaba Educación Física en Gualeguay además de militar en una agrupación política en su ciudad natal durante los fines de semana.

El sábado 8 de abril, un mes después del movilizante Paro Internacional de Mujeres, encontraron a Micaela, abusada y estrangulada. Pero el femicidio no fue lo único que agravó la indignación del caso, sino, que el principal sospechoso del crimen es Sebastián Wagner, un hombre condenado por una doble violación comprobada que gozaba de libertad condicional. Esta fue otorgada por el juez Carlos Rossi quien ignoró los informes que aconsejaban que la libertad condicional fuera negada para el femicida. Lejos de las cuestiones de género y el avance de la violencia machista en el país, el juez ahora se tomó una licencia “por depresión” y se le exige una explicación por su actuar.

El Estado es responsable

“Aquí hay dos responsables, ambos productos de un sistema socio-cultural machista y patriarcal. Por un lado, el asesino, y por el otro lado, el juez de Ejecución de Penas Carlos Alfredo Rossi, quien decidió hacer oídos sordos ante el informe del Servicio Penitenciario provincial”, afirmó Fabiana Túñez, fundadora de Casa del Encuentro y hoy presidenta del Consejo Nacional de Mujeres, en declaraciones a Infobae.

Se echó la responsabilidad del femicidio al juez Rossi cuando este es una parte del problema. La ausencia del Estado y de políticas públicas que formen actores, en este caso, judiciales con una capacitación con perspectiva de género es fundamental a la hora de evaluar por qué suceden estas cosas. El sistema que jerarquiza un género sobre otro sigue siendo la estructura que rige en todos los sectores de la sociedad y así se perpetúa la violencia machista.

“el patriarcado, lejos de ser un concepto teórico y abstracto, es un sistema que está violando, matando y violentando mujeres cada 18 horas en nuestro país”

La socióloga Silvia Chejter, especialista en el tema en cuestión, dice que: “he revisado numerosos expedientes y sentencias por casos de violación, a lo largo de varias décadas, y está claro que los jueces siguen actuando de acuerdo a su ideología, aun desoyendo lo que dicen los peritos, como en el caso de Micaela. De modo que no se trata sólo de políticas criminales sino también de la ideología que permea a gran parte de los funcionarios del servicio de justicia par a quienes las violaciones (y otros delitos sexuales) son un delito poco importante”. Por lo tanto, el Estado es responsable y, lejos de hacerse cargo, recorta los programas de educación sexual integral que son la verdadera herramienta para enfrentar la violencia machista que se inserta en todos los ámbitos sobre la base del sometimiento de las mujeres y de las identidades y sexualidades disidentes de la hegemónica.

La demonización de los medios

El foco mediático, por otra parte, también hizo hincapié en demonizar a Micaela: por cómo vestía, porque andaba sola a la madrugada, como dijo Chiche Gelblung, o porque “se mensajeó con su exnovio por una supuesta infidelidad” citan algunos medios de comunicación. En un gran porcentaje, las notas que tratan sobre la violencia de género en las adolescentes y las niñas suelen ser desmedidamente agresivas y no están firmadas. No consultan con especialistas y la mirada siempre está puesta en ellas. No las cuidan y no se genera empatía con el caso avalando la violencia que arrasó con sus cuerpos en una suerte de leccionar y disciplinar a las mujeres: si salís, si volvés tarde, si te vestís de tal o cual forma, inevitablemente te va a suceder esto.

Un amigo de Micaela, Damián, cree que su muerte debe significar “una gran lección para los hombres” y un deber de “trabajar para ver todo desde una perspectiva de género”. Bajo esta consigna y la aparición inmediata con vida de Araceli Fulies, otra joven desaparecida, distintas organizaciones políticas, sociales, feministas y personas autoconvocadas por el dolor y la injusticia, marcharon en Plaza Mayo este martes 11 de abril.

Los carteles reclamaban justicia y llevaban el rostro de Micaela como bandera, como símbolo de la insistente lucha contra el patriarcado que se debe dar, que lejos de ser un concepto teórico y abstracto, es un sistema que está violando, matando y violentando mujeres cada 18 horas en nuestro país. Pañuelos violetas se agitaban en el aire y pañuelo verdes decoraban cuellos, cabezas y mochilas bajo la insignia de “aborto legal, seguro y gratuito”. Las voces coreaban que juntas estaban allí para luchar por Micaela y por todas. Para vivir una sociedad más justa, como la que soñaba la joven militante.

En el acto en Plaza de Mayo de las agrupaciones kirchneristas, como de la que formó parte Micaela militando en el Movimiento Evita, la Secretaria de Derechos Humanos de Kolina, Victoria Montenegro, tomó la palabra y con la furia que caracteriza al poder femenino, expresó: “no queremos transformar el dolor en luchar, queremos luchar a la par de todas las compañeras que nos arrebataron y faltan en las calles”.

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