Revolución de una trava matancera

La presentación del libro "La Roy: revolución de una trava" escrito por Florencia Guimaraes García, una activista travesti. La obra representa una producción inédita del colectivo travesti-trans desde las identididades que lo conforman.

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El pasado 6 de octubre a las 19hs en el Centro Cultural de la Cooperación inicié un camino de aprendizaje para incorporar nuevas realidades en la presentación del libro La Roy: revolución de una trava escrito por Florencia Guimaraes García. Una realidad que inquieta pero que enseña a ampliar el horizonte de las categorías con la que denominamos el mundo. Porque la trava viene a transformar, no a travestir como afirma Romina Pereyra (feminista, torta, militante del Partido Comunista, secretaria de género en la CTA) en el libro.

Florencia Guimaraes García es activista travesti, abolicionista, feminista, sobreviviente del sistema prostituyente, artivista y militante del Partido Comunista. Además, es matancera. Siempre vivió en La Matanza. Es maquilladora y fotógrafa profesional. Forma parte de Furia Trava Noticias, una plataforma de comunicación e información sobre la Comunidad Travesti. Participa de la Consejería Diversa La Berkins, en Isidro Casanova, nombrada en honor a Lohana Berkins y toda la lucha que su nombre representa. Este es su primer libro que mezcla lo autobiográfico con la inédita producción teórica travesti-trans de la cual no hay mucha bibliografía escrita desde el puño y letra de las identidades que conforman este colectivo. Cada palabra que conforma el libro es un manifiesto explícito de las travestis derrocándose como objetos de estudio para reconstruirse con su propia voz como sujetas políticas fundamentales para la equidad social en términos de calidad de vida y justicia social con perspectiva de género.

Una voz transformadora

La portada con un cuerpo disidente, con tetas, gorda, con su genitalidad explícita, rompiendo las cadenas opresoras del sistema capitalista y patriarcal que encierra a las travestis con un grito de furia es el primer contacto que tuve con el libro. Un gráfico que muestra un cuerpo disruptivo al igual que los testimonios de vida. Por un lado, estos testimonios reflejan las dificultades de estar expuestas en la calle, de ser expulsadas de los ámbitos sociales y del sistema de salud por la estigmatización y la discriminación por su identidad y expresión de género y, por otro lado, evidencian la complicidad entre ellas, la alianza a la hora de organizarse sea para marchar y detener los travesticidios, para reclamar por sus derechos o para llevar frazadas a la cárcel si metieron a una de las suyas en cana y discutir con la policía para poder liberarlas. No tienen miedo a la hora de protegerse porque son una gran familia, con sus debates internos y complejidades, pero una familia que se cuida y constantemente se enuncia para ser visibles aunque eso les cueste la vida.

El libro está estructurado con un lenguaje particular que varía constantemente. Comienza con una primera persona que se planta firme ante su enunciación si bien introduce aclaración, información y biografías (como la de Lohana Berkins y Diana Sacayán) en una voz impersonal. A lo largo del discurso varía sus códigos: desde un uso de la lengua más formal para aportar datos sobre la lucha travesti y su calidad de vida hasta un uso más literario para describir a través de metáforas, comparaciones y metonimias la crudeza de las vidas precarizadas en situación de prostitución. Incluso el cierre del libro introduce una transformación de la prosa a la poesía, es el yo poético de Florencia, la autora, que encarna el deseo desde el calor de sus entrañas y desde lo erótico de sus fantasías. Sus deseos de no morir, sus deseos de ser amada con su cuerpo trava, sus deseos de ser escuchada y de que nadie tenga que pasar por la prostitución. Su deseo de nunca dejar de desear, deseo inagotable y fuente de vida. El deseo que motoriza e impulsa su palabra, su voz y su activismo. Y es en este entretejido de discursos, de voces, de citas, de deseos y de gritos que rompen la hegemonía y La Roy crea una voz nueva, una voz revolucionaria y transformadora: una voz trava.

“Revolución de una trava”

Con un poema para romper el hielo inició la presentación que continuó en un mar de lágrimas, de risas, emociones encontradas, miedos perdidos, cuerpos en lucha y palabras de aliento. “La Roy: Revolución de una trava” vió la luz frente a un conjunto de personas dispuestas a abrazar su contenido e incorporarlo para el día a día. Florencia presentó su primer (y espero que no sea el único) libro junto a su madre Cristina; amigas y compañeras de militancia: Carolina Ibarra, Alessandra, Romina Pereyra; Alejandro, su pareja; Gaita, la editora del libro; el público que no dudaba a la hora de emocionarse junto a ella y, por último, con un cierre musical de “Hacete la cabeza” con canciones de protesta y lucha.

“Fue duro escribirlo y pensarlo, para mi fue como algo que nunca había hecho que era terapia, tanto hablar y llegar a conclusiones que yo misma nunca había reflexionado sobre mi propia vida” declara Florencia cuando le toca adueñarse del micrófono. “Acá están todas mis emociones (…) como estoy desnuda en la tapa, también estoy desnuda en todo el libro. Con mis propias palabras como soy yo y desnudándome por completo.”

“Es autobiográfica pero es la historia de la mayoría de mis compañeras travestis y trans. Es muy importante poner la voz y que el libro sea escrito por una trava”. Afirma que “nosotras también tenemos muchos conocimientos y saberes y queremos que queden plasmados. Queremos ser parte cuando se escriben los libros, cuando se arma la ESI, las travas deben ser parte de todas las bibliografías de la sociedad: de la escuela, de la academia. No queremos ser más calladas, eso es parte de lo que nosotras llamamos un travesticidio social: todo lo que denunciamos que nos invisibiliza”.

-¿Cuál fue el motor y qué esperas del libro?

El motor del libro sobre todo fue contar desde la voz propia de una travesti todo lo que atravesamos en este sistema y cómo subsistimos y lo corta que es nuestra vida (35 años) y del sistema prostituyente que es el único rol impuesto para las travesti. Contarlo desde mi experiencia: yo soy sobreviviente, 12 años estuve parada en muchos lugares de La Matanza. No siempre ser interpretada por otras y otros sino ser nosotras mismas las que generemos nuestra bibliografía. SER PARTE, ser parte de nuestra propia historia y que todos y todas conozcan nuestros propios pensamientos y por eso lo interesante de que no sea sólo autobiográfico sino que participen también otras compañeras travestis que también hemos atravesado lo mismo (el sistema de prostitución, la falta de acceso a la salud y la educación). Lo que quiero con este libro es que la gente tome conciencia realmente y no prejuzgue antes de tiempo. Que no naturalice que nosotras tenemos que estar paradas en una esquina todas las noches y que ese es nuestro lugar, no se puede naturalizar eso. Eso hace que esa sea nuestra esperanza de vida. Hay que poner el foco en la sociedad y pensarse, ¿por qué en un negocio cuando yo voy no hay ninguna travesti atendiendo?, ¿por qué en las escuelas no hay travestis?, ¿por qué en los hospitales no me atiende una travesti? Empezar a reflexionar sobre eso y darse cuenta de qué pasa, ¿por qué hablan de elección? ¿A vos te parece que el 90% de la comunidad puede elegir vivir de la prostitución con toda la violencia que esto trae? Las enfermedades, la expectativa de vida, la violencia que atravesamos por los prostituyentes, por la policía, por la misma sociedad que nos prejuzga y nos condena. Empezar a reflexionar y preguntarse, interpelar: ¿por qué no hay personas travestis atendiendo un quiosco, almacén, maestras, profesoras, en un hospital y sí están todas en una esquina?

-¿Cómo estás viendo el movimiento travesti en La Matanza?

Es un movimiento que está bastante desorientado después de lo que nos pasó con el asesinato de Diana Sacayán que para muchas de nosotras era nuestra referente y nuestra guía. Así que estamos tratando de reagruparnos nuevamente porque están pasando situaciones muy graves en La Matanza. Tenemos muchas compañeras travitas muy chicas que están en la zona, en Castillo, por Carlos Casares, muchas pibas de catorce, quince y dieciséis años que están siendo prostituidas. Estamos tratando de organizarnos para darles una mano a esas compañeras sabiendo lo difícil que es porque tenemos un país abolicionista, que ha firmado tratados internacionales pero no cumple con el abolicionismo, no genera políticas públicas para que estas compañeras no tengan que llegar al sistema prostituyente y muchos menos para que salgan. Entonces es difícil cuando no contas con herramientas, porque una puede ayudar a las compañeras con un montón de cosas pero es difícil cuando no podes ofrecerles realmente un trabajo genuino, una oportunidad de dejar todo eso. Aun con las pocas herramientas que contamos estamos ahí luchando, batallando todos los días.