Un pésimo precedente

Un camino peligroso: la policía bonaerense exigió listas de docentes en huelga en escuelas matanceras. El conflicto y la campaña.

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La escalada de la paritaria docente en La Matanza tuvo un hecho que no puede ser pasado por alto, y excede largamente la opinión que se pueda tener sobre la legitimidad de la huelga, la escuela pública o la propuesta del gobierno de Vidal. La presencia de policías bonaerenses en escuelas pidiendo listas de trabajadores adheridos al paro es un pésimo precedente para la democracia.

Los hechos, que fueron debidamente chequeados por este medio, se repitieron en varios establecimientos del distrito. Aún no está claro de dónde proviene la orden, pero cuesta creer que los oficiales hayan actuado de manera inorgánica a la fuerza. El Gobierno tiene otras herramientas para destrabar el conflicto, y la policía no tiene por qué actuar. Ni siquiera es justo para los mismos agentes, ya que los expone a una función que les es ajena en su rol de servidores públicos.

En el medio, la campaña

El conflicto docente en la provincia pasó de ser una discusión paritaria a transformarse en un verdadero cuadrilátero de la antesala a las elecciones de medio término. Los protagonistas y el periodismo nacional ya no hablan de las propuestas salariales, sino del tironeo en torno a las medidas de fuerza de los maestros (la huelga) o del Gobierno bonaerense (los descuentos, la amenaza de retener fondos del gremio).

El dirigente de SUTEBA, Roberto Baradel, fue elegido por la maquinaria propagandística del PRO como reemplazante de Aníbal Fernández en el papel de “cuco” para poner enfrente de la buena imagen de la Gobernadora. En consonancia con el Gobierno nacional, han decidido que su campaña estará basada en una premisa sencilla: son ellos o nosotros, es kirchnerismo o cambio.

Pero los gremios, más allá de su pertenencia, son gremios y su disputa pasa por otro lado, en este caso en la representación de la dirigencia sobre los trabajadores. Baradel en 2014 encabezó 17 días de huelga contra la discreta gestión del kirchnerista Daniel Scioli. Está claro que el conflicto siempre es político: discutir salarios es un hecho político, ya que es un componente fundamental de la distribución de la riqueza en la sociedad.