Es indispensable que la AFA vaya hacia una elección democrática

La crisis en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que mantuvo en vilo el comienzo de los torneos tiene múltiples aristas. Es cierto que hay instituciones endeudadas a partir de un manejo irresponsable de sus dirigentes, con más gastos que ingresos. También las hay bien administradas y con similares dificultades económicas. Pero este tire y afloje entre los dirigentes del ascenso y la Comisión Normalizadora tiene otra explicación: la legitimidad. Y en este punto es donde aparece la responsabilidad del Gobierno Nacional, que con su intervención terminó por complicar más el asunto.

La sucesión de Grondona fue compleja para todo el espectro del fútbol argentino, algo lógico luego de un liderazgo de 35 años. Luis Segura no logró mostrar solidez durante los dos años en los que le tocó completar el mandato de “Don Julio”, que incluyó una elección frustrada de manera insólita, con un empate 38 a 38 en un escrutinio sobre 75 votantes. A pesar de esto, la entidad madre del fútbol argentino había llamado a elecciones, como indica su estatuto, para el 30 de junio de este año. Pero fue en ese entonces que la Casa Rosada se metió de lleno en la discusión.

El motivo de la intromisión del gobierno fue sencillo: no le convencía ninguno de los principales aspirantes, Hugo Moyano y Marcelo Tinelli. La idea de tener al mando de una institución tan importante como la AFA a dos actores que, si bien no parecen ser opositores, pueden llegar a tener un juego propio, no le resultaba cómoda a Mauricio Macri. Ya bastante poder de fuego ostentaba el camionero al frente de la CGT y no es poca la influencia que tiene el conductor televisivo, líder en audiencia.

El desarrollo de las elecciones del 30 de noviembre probablemente no hubiera resuelto todos los males del fútbol argentino. Pero si de algo no hay dudas es que la forma en la que el Gobierno se introdujo en la discusión terminó por dinamitar la ya menoscabada institucionalidad del fútbol argentino. En primer lugar la IGJ suspendió las elecciones. Luego Daniel Angelici, delfín de Macri, trabajó incansablemente, aprietes mediante, para que se votara una Superliga a libro cerrado. Como nada resultó, el mismo Macri se comunicó con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para acordar una intervención.

Con este derrotero, tiene cierta lógica que los dirigentes del ascenso, encabezados por Claudio “Chiqui” Tapia, se rebelen ante la Comisión Normalizadora y la acusen de ser “una intervención encubierta” del Gobierno. Sobre todo cuando se trata de un sector representativo, que cuenta con una importante cantidad de asambleístas. Por este motivo, más allá de las simpatías o no que pueda generar un discípulo de Grondona (como él mismo se define) resulta evidente que la normalización del fútbol argentino necesita construirse desde la legitimidad, y no desde la fuerza.