El gobierno de Michel Temer hizo pública su preocupación por los abucheos que sufrió el presidente en actos públicos durante los últimos días, el más notorio durante la ceremonia de apertura de los Juegos Paraolímpicos en el estado Maracaná.

La salida de la ahora ex presidenta Dilma Rousseff generó un fuerte avance de las protestas en contra de Temer. Según los organizadores, unas 100.000 personas se movilizaron el domingo pasado en San Pablo en una protesta contra el actual gobierno, al que muchos brasileros consideran ilegítimo. La manifestación terminó con represión policial y 26 detenidos.

Pero el descontento de no sólo parece limitarse a los militantes del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva y Rousseff. Las pancartas y los gritos de “Fuera Temer” se hicieron presentes en 29 ciudades en manifestaciones a favor de elecciones directas, en el marco del Día de la Independencia de Brasil.

Ayer (7 de septiembre) Temer fue repudiado dos veces: durante su participación en el desfile del día patrio; y por la noche, cuando recibió tres largos abucheos y gritos de “Fuera Temer” en el estadio Maracaná, al inaugurar los Paralímpicos.

Aunque varios de los asesores temen que sea “demasiado tarde” para reaccionar, el Gobierno busca vincular a quienes protestan contra el presidente con episodios de corrupción del PT bajo el lema “Fuera Ladrón” o “Avanza Temer”. El publicista Elsinho Mouco, del Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), dijo que “no hay mejor vacuna contra la oposición. Creamos una respuesta porque la campaña negativa no lleva a nada; lo importante es crear una campaña que diga ‘Vamos por el crecimiento'”, afirmó.

Hasta hace unos días, la respuesta de los funcionarios de Temer era minimizar las protestas. Pero hasta el jefe de gabinete de Temer, Eliseu Padilha, tuvo que salir a pedir disculpas públicas por haber minimizado los actos opositores, con declaraciones al diario Folha de San Pablo de que todos los actos políticos “deben ser respetados”.

El problema para el Gobierno es que busca avanzar en el mediano plazo con una agenda de flexibilización laboral y reforma previsional, que incluye aumento de la edad jubilatoria; y que seguramente aumente el descontento social.