Ilustración: @ViajerenBondi

Hoy les voy a hablar sobre la Ansiedad.

Desde hace 6 años camina a mi lado, me quiere agarrar fuerte de la mano cuando cruzamos la calle o cuando vivimos momentos difíciles.

En muchas ocasiones la dejo que corra detrás de mi compitiendo con ella para ver quién llega primera a casa, más exhausta, más derrotada.

Ahora la mayor parte de mis días vamos abrazadas silbando bajito por las veredas de esta ciudad que nos ven pasar cada día entre baldosas sueltas y sueños por cumplir, nos aceptamos y seguimos la vida.

Existen momento donde se me sube a los hombros, me invita a hacer el pogo más grande del mundo sobre mi cabeza, sobre mis planes y quedó desorientada.

La ansiedad no es la típica impaciencia, no es la sensación de querer obtener algo ya, todo ya.

La ansiedad es una patología que por múltiples causales o por un evento en particular enciende todas alarmas del cuerpo indicando peligro, generando la necesidad de defenderse de eventos que muchas veces no ocurren en la realidad, solo se trata de anticipaciones catastróficas que nada tienen que ver con los hechos que luego se dan.

Si el cuerpo es como nuestra casa, ¿te imaginás todo el día en tu hogar sonando la alarma contra robos o incendio cuando en realidad nada está pasando? Es molesto, verdad? Bueno, eso es la ansiedad en mi vida.

Uno de los rasgos que nos diferencia a las personas entre millones es como enfrentamos las circunstancias que ocurren a nuestro alrededor y que es lo que hacemos para lidiamos con ellas.

Para el tratamiento de la ansiedad no solo es necesaria la voluntad como muchos creen, es indispensable la intervención de especialistas que indiquen los pasos adecuados pero no voy a escribir sobre sino reflexionar sobre la experiencia en primera persona, no sé si esta explicado en algún libro de medicina pero nunca está de más bajar las barreras para compartir y abrir el debate sobre el tema.

Muchos años viví a merced de lo que era correcto hacer, decir, amar y aceptar, que la vida es chata. No conocía otras realidades y eso estaba bien.

Estudié una carrera, trabajé hasta que un día la ansiedad me dio dos bofetadas y me planto de lleno contra el piso.

Descubrí que el arte, escribir, usar el humor como bandera era la tablita de madera que me salvó de hundirme en el océano, era Rose en la película del Titanic pero sin Leonardo Di Caprio ni el collar.

Muchas veces me repetía: “…Quiero ser la de antes, la que no conocía de esto…”. No sabía que muchas veces las patologías reflejan cualidades, dolores, angustias contenidas que deben salir para evolucionar y en mi caso todo exploto por el aire en forma de ataques de
ansiedad.

Cambié, me adapte a mi nueva realidad, me corte el pelo y recogí los pedazos de mi anterior ser para armarme de nuevo. Desate los hilos de la vergüenza sobre mi cuerpo, jamás terminé aquella carrera, en mi trabajo me mostré como soy y me acompañaron en el proceso que me trajo hasta aquí, a este medio donde hoy me permite decirles que las tormentas que pasan por nuestra vida no son el problema, el problema es querer que no nos moje, seguir siendo iguales.

La lluvia como proceso natural tiene el propósito de nutrir la tierra y en este caso las gotas que cayeron sobre mi frente, las que caen sobre tu frente y las lágrimas derramadas desdibujan nuestras limitaciones y nos enseñan a vivir más cerca del alma y mas lejos de la mirada del otro cuando eso nos daña, cuando no nos deja ser quienes vinimos a ser.