En el estado mexicano de Chiapas, las artesanías son coloridas como las sonrisas de los niños y las niñas que las venden. Cuando un turista las adquiere se siente iluminado, alegre, con ganas de compartirlas con el mundo y mostrar esa belleza que se logra con innato talento. No suele ser fácil conseguirlas, ya que no están al alcance de cualquiera, pero esos pequeños seres que no usan peines ni caretas captan la atención al instante con lo que ofrecen. Hacen pública su facilidad para conmover con el arte, con su transparencia impregnada en cada mágica exhibición. Nadie sale indemne tras observar esas bellezas particulares tan trascendentes. Además, como ya se dijo, sus artesanías son muy coloridas.