Hace apenas un quinquenio los creativos de empresa SIAM eligieron el slogan “Abrite a la nueva historia”, para relanzar la empresa que había marcado a generaciones de argentinos. Así, de ese modo, volvía a insertarse en el mercado una compañía que proveyó de heladeras, autos, motonetas y mecánica pesada durante varias décadas.

La empresa había sido creada en 1911 por Torcuato Di Tella (padre). En 2013 el Grupo New San anunció su vuelta con una inversión de U$S 35 millones para reactivar la planta ubicada en la ciudad de Avellaneda.

Pero esta empresa, que tuvo una fuerte historia (empezó fabricando amasadoras de pan ya que desde 1910 regía una ordenanza que prohibía el amasado manual es por eso que SIAM es la sigla de Sección Industrial de Amasadoras Mecánicas), atravesó generaciones que no solamente compraron sus productos, sino que proveyeron de fuerza de trabajo a las distintas plantas de la compañía.

SIAM fue uno de los pilares de la producción nacional y en las décadas del 20 al 40 logró un gran impulso con la fabricación de surtidores de combustible, motores de bombeo y caños de acero para YPF. Hacia los años 50 acompañó la expansión industrial que impulsó el peronismo con las famosas heladeras familiares; pero cayó en desgracia cuando la dictadura militar que derrocó al gobierno peronista en septiembre de 1955 la “castigó” por haberle regalado 100 Siambrettas al presidente Juan Perón.

A finales de esa década los Di Tella compraron en La Matanza una amplia parcela perteneciente a la conocida Cabaña Chica en donde había funcionado la Pista Sigrand donde se organizaban carreras de motos desde 1947. Nadie dudaba que las 12 hectáreas que SIAM había comprado en San Justo pronto se transformaría muy pronto en una nueva planta industrial. Y así fue. En 1961 se inauguraba la Planta SIAM San Justo de producción electromecánica.

Los vecinos de aquel barrio alejado del centro de la ciudad miraban con asombro las dimensiones de esta fábrica que se elevaba en medio de esas pequeñas y humildes casas. Los talleres San Justo iban a producir equipos eléctricos para locomotoras Diesel, además de transformadores, generadores y motores eléctricos especiales y equipos de bombeo para pozos de petróleo; más tarde, esta empresa fue bautizada como SIAM Di Tella Electromecánica SA.

En lo que se refiere a la concepción de las instalaciones, a las máquinas y equipos instalados “la Planta San Justo no tenía nada que envidiar a las más modernas de Europa y Japón” -según se dijo en su inauguración, en 1961-. Su producción abarcaba desde equipos de tracción eléctrica para locomotoras a transformadores de electricidad cuyos compradores casi exclusivos eran empresas estatales.

Aunque el ambicioso proyecto, llegaron a trabajar en la Planta San Justo (ubicada en Lartigau, Indarte, Ramón Falcón y Thames) cerca de 1.400 personas, rápidamente tropezó con los vaivenes de una empresa que ya empezaba a manifestar dificultades financieras. En 1962 los operarios de SIAM nucleados en la UOM local hicieron una larga huelga pues se negaban a aceptar en concepto de sueldos los Bonos del Empréstitos 9 de Julio creados durante el gobierno de Arturo Frondizi.

En octubre de 1965 ocurre la página más negra en la historia de los trabajadores matanceros de SIAM. En una marcha convocada por la CGT para el 21 de octubre mueren Gabriel Mussi y Angel Norberto Retamar, obreros metalúrgicos de SIAM, que marchaban por la ciudad de San Justo reclamando mejoras salariales y el regreso de Juan Domingo Perón. Mussi murió en el acto, mientras que Retamar fue herido y falleció días después. Ambos cayeron bajo las balas policiales.

Más allá de este hecho luctuoso, el barrio crecía de la mano de SIAM; al punto que hoy se lo conoce como Barrio Siam como dice con orgullo la vecina Belia Ottaviano. Pertenecer a la empresa era sinónimo de prestigio para sus operarios, así lo atestigua Sandra Torre que trabajaba en la Planta San Justo Electromecánica junto a su padre (Miguel). “El mejor momento de la planta fue entre 1973 y 1981 por el comercio con los países petroleros como Venezuela y México. En cada cambio de turno (eran tres por día) el ingreso de la fábrica se convertía en un hormiguero de trabajadores que entraban y salían. Sin embargo después vino la debacle en la que mucho tuvo que ver el sector Compras de SIAM que compraba sin licitación y sin controlar precios”, asegura Sandra Torre.

Es verdad que la burocracia interna de SIAM hizo que la empresa se ahogara financieramente y el Estado se cansó de los sucesivos “salvatajes”. En 1966 la deuda de la empresa llegaba a 70 millones de pesos. En 1970 la Dictadura de Lanusse sabía que o se la dejaba quebrar o el Estado tomaba su control. Ocurrió esto último y en noviembre de 1971 la empresa pasó a manos del Estado nacional. Por entonces SIAM tenía en todas sus plantas 7.000 operarios (había llegado a dar trabajo a 17.000), esto motivó que en abril de 1974, un decreto firmado por el presidente de la Nación Juan Perón la declarara de “Interés Social”.

Con una capacidad instalada para producir 330 motores de tracción y 110 motoniveladoras, en 1975 la Planta San Justo no produjo ningún motor de tracción y con el Golpe de Estado de 1976 los dirigentes gremiales matanceros se pusieron en alerta por las políticas de desindustrialización de Martínez de Hoz. No se equivocaban, hacia finales de esa década el gobierno militar había decidió la privatización y el desmembramiento de SIAM.

La UOM Matanza, en medio de la represión de la Dictadura Militar, reaccionaba contra el achicamiento de la Planta San Justo. Finalmente en 1981 se puso en venta Electromecánica San Justo en 3 millones de dólares (el inventario de la fábrica la valuaba en 12 millones de dólares). Sin embargo los militares no pudieron deshacerse de ella. Entonces comenzó la “implosión”: Hacia agosto de 1985 el cuerpo de Delegados de la SIAM denunciaba el vaciamiento para malvenderla.

En julio de 1986 la empresa fue descuartizada en tres partes y la Planta San Justo fue adjudicada a SADE, una empresa constructora de Gregorio Pérez Companc quien la compró para cerrarla. Así llegó el ocaso; en los primeros años de la década del 90 la planta San Justo bajó sus cortinas para transformarse apenas en un depósito. Los vecinos vieron con sus propios ojos cómo se destruía a esa fábrica dejando en la calle a los últimos 600 trabajadores.

* Por Alejandro Enrique, Historiador y Periodista. Subsecretario de Cultura Municipio de La Matanza