Brasil lidera un cambio de paradigma político en la región con el triunfo de Jair Bolsonaro, que el domingo obtuvo más del 46% de los votos y que deberá ir a segunda vuelta con el candidato de centro izquierda Fernando Haddad, que sacó 29%.

Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT) que responde al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, deberá salir a buscar el voto de millones de personas desencantadas con el sistema, en medio de la crisis económica y los escándalos de corrupción que golpean a la clase política.

Un dato relevante es la cantidad de votantes que anularon el voto o votaron en blanco: 8 por ciento del total. Si bien el candidato que salió tercero en las elecciones con el 11%, Ciro Gomes, se mostró dispuesto a apoyar a Haddad en el ballotage, la balanza se inclina en favor de Bolsonaro.

Con cierta analogía a lo ocurrido con Donald Trump en Estados Unidos, Bolsonaro lejos de ser un candidato tradicional de la derecha brasileña se presenta como un candidato antisistema. Ex militar y con promesas en campaña de reformas neoliberales, el dirigente se mostró reiteradas veces a favor de la dictadura, del gatillo fácil, en contra de la homosexualidad y de la igualdad entre el hombre y la mujer.

El mapa de votantes dividió a Brasil en dos. Bolsonaro ganó en los estados al centro, oeste y sur del país, las regiones históricamente con mayor concentración de la riqueza y de perfil más conservador. En cambio, Haddad logró la victoria en los estados al norte y noroeste de Brasil, las zonas con menos recursos y que se identifican con fuerzas de centro izquierda.