Foto: Archivo.

El hecho ocurrió el sábado 4, en una vivienda situada en la calle Lobería 400, de Ciudad Celina en La Matanza, donde residían Aristóbulo Antonio Piceda de 80 años de edad, su mujer de 95 años y el hijo de ésta, identificado como Carlos Miguel Navarro Ponce de 53 años.

Según las fuentes, todo comenzó alrededor de las 6, cuando Navarro Ponce llamó a la Policía para denunciar que acababan de balear a su padrastro, por lo que efectivos de la comisaría noreste 6ta. de La Matanza se trasladaron hasta el mencionado domicilio.

Al arribar, los policías constataron que Piceda se encontraba en su habitación sin signos vitales, por lo que convocaron una ambulancia, cuyo personal médico constató luego que el anciano había muerto y presentaba dos heridas de arma de fuego.

Las fuentes señalaron que en la escena del crimen se entrevistaron con Navarro Ponce quien contó que los autores del hecho habían sido dos hombres que lo sorprendieron a él cuando fumaba en la vereda y lo introdujeron en el comedor de la vivienda, mientras su madre -con aparentes problemas de salud mental- se encontraba en el baño.

Siempre de acuerdo a esa primera versión que dio el hijastro ante los policías y el fiscal de la causa, Claudio Fornaro, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) de Homicidios de La Matanza; los desconocidos le preguntaron “¿dónde está el viejo violín?”.

Luego, los delincuentes se dirigieron al dormitorio del anciano donde le dispararon a éste, tras lo cual, abandonaron el lugar, donde los pesquisas no detectaron ningún faltante de valor.

Una fuente judicial explicó a Télam que la versión del hijastro fue contradicha luego por vecinos de la familia que se encontraban a pocos metros de la escena del crimen al momento del mismo y que declararon no haber visto entrar ni salir a ninguna persona.

A su vez, en la casa de la víctima se secuestraron dos armas de fuego, un revólver calibre 38 Special y un .22, detalló el vocero consultado.

Ante esta situación, el fiscal Fornaro dispuso dar por concluida la declaración del hijastro en carácter de testigo y dispuso que se le practique un dermotest para determinar si existían rastros de deflagración de pólvora en sus manos.

El mismo informante señaló que cuando los peritos se disponían a practicarle esta prueba, el hijastro se quebró y, en llanto, reconoció haber sido él el autor del crimen.

“Dijo que el anciano se burlaba de él por ser homosexual y que también lo había abusado cuando era más joven”, detalló la fuente judicial consultada.

A raíz de la confesión, Navarro Ponce quedó detenido y, a pedido de su defensa oficial, mañana será indagado por el fiscal Fornaro.

Los primeros estudios médicos confirmaron que al momento de su confesión, el acusado estaba orientado en tiempo y espacio; al tiempo que los testimonios revelaron que es una persona retraída, que vivió toda su vida en la casa donde ocurrió el crimen y que, al parecer, se mantenía con “changas”.