Recientemente aparecían datos alarmantes en un informe de Ciencia y Salud, del diario La Nación Argentina, que dice que entre 1990 y 2017 el país perdió 7,7 millones de hectáreas de bosques, superficie equivalente a la de la suma de Holanda y Bélgica.

Las provincias argentinas que más sufren desmontes son Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero que concentran el 80 % nacional de esa práctica, y de la cual, el 36,3 % de la superficie correspondió a bosques nativos según Greenpeace.

En dicho informe del 16 de septiembre de 2019 se comenta que la Fundación Vida Silvestre y el INTA calcularon que si no hay cambios en 2028 se habrá perdido una superficie equivalente a 200 veces la ciudad de Buenos Aires.

Si se cumpliera nuestra ley de bosques hacia el 2028 podrían evitarse deforestaciones por 1,81 millones de hectáreas. Si se realizan y mantienen acuerdos públicos y privados para no deforestar, podría mantenerse un crecimiento de 2,3 millones de hectáreas de superficie para agricultura y 1,7 millones de hectáreas para ganadería.

En este contexto se encuadra la reserva de los bosques de Ciudad Evita que además contiene humedales -que brindan grandes beneficios económicos y ambientales- pero que aunque estén protegidos por la Corte, no lo están por ley.

Los bosques de Ciudad Evita son naturales y geológicamente bastante recientes ya que se
formaron en la parte final de la era Cenozoica -última de las cuatro eras- y que se inició hace
unos 70 millones de años (de los aproximadamente 4.600 millones de años de edad que
tendría nuestro planeta). Estos bosques son vecinos y contemporáneos a los de Ezeiza. Esta
área boscosa acompañó la aparición del hombre y otros grandes mamíferos y la formación de la llanura pampeana en la que se encuentran ubicados.

Ciudad Evita es una de las localidades del Partido de La Matanza, en el oeste del Gran Buenos Aires. A simple vista es fácil darse cuenta de su principal característica, la de ser bosques naturales, por la variedad de especies, de alturas y edades de sus especímenes. La distribución de sus ejemplares es irregular y bastante tupida. Son bosques templados que se hallan salpicando pocos sectores del pastizal pampeano y alternándose entre sus gramíneas.

Hoy están más cuidados aunque han sufrido modificaciones a lo largo del tiempo y, sobre todo, en los últimos años debido al crecimiento urbano alrededor del área, que entre otras cosas le genera bastante contaminación. Hay documentos que explican que hace dos mil años la región era diferente, con pastizales altos, pocos árboles, clima más árido y frío que el actual y nada de rutas ni automóviles. Crecían algarrobos, chañares, algunas especies tropicales, y sobre todo talas y espinillos, capaces de sobrevivir arrinconados por los pastos, cerca de las orillas de los ríos y arroyos.

Estos bosques se extendían a lo largo de la costa y llegaban hasta las inmediaciones del actual Mar del Plata. El trazado urbano posterior hizo desaparecer rastros de esa vegetación. Algunos restos de aquellos bosques se hallan ubicados a ambos lados de la ruta 21 y linderos
a la rotonda de Querandí y las vías del Ferrocarril Belgrano Sur que va hacia la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires.

Se trata de la primera reserva natural de La Matanza, aunque existen vecinos que ya proponen otra en Laferrere, dentro del mismo Partido. La conformación de la reserva de Ciudad Evita se llevó a cabo durante la intendencia de Fernando Espinoza, en el año 2015. La cuestión ambiental se ha instalado cada vez más en las agendas políticas, en los medios de comunicación y en las necesidades de la gente que pide más espacios verdes para mejorar su calidad de vida.

La tala, incendio o depredación de especies es considerada, a partir de esta acción, como un “delito ambiental” con sanciones penales.

El área abarca alrededor de 300 hectáreas y en su interior contiene humedales que se asocian a la planicie de inundación del cercano río Matanza. La construcción de la ruta 21, que atraviesa los bosques, se realizó a una altura superior al suelo de los mismos y esta condición contribuye al escurrimiento del agua de lluvias hacia el centro de los bosques, que además tienen la napa freática muy cerca de su superficie, razón que genera un sitio propenso para la conformación y mantenimiento de la condición del humedal (anegados una buena parte del año o siempre).

BOSQUE Y RUTA 21

 

A través de la Ordenanza 24.447 sancionada por el Concejo Deliberante de La Matanza del 17 de septiembre del 2015, se declara Reserva Natural a las 300 hectáreas de los bosques
ubicadas entre el Río Matanza y la Ruta provincial 21. La reducción de las 500 hectáreas a
300 se debió a falta de cuidados y atención de las enfermedades de los árboles, disminución
de especies por incendios y derribo por tormentas, falta de reforestación, y otras
intervenciones humanas como por ejemplo, los basurales.

EL “PULMÓN DEL OESTE” FOTOGRAFIADO DESDE RUTA 21

El bosque es un aliado nuestro para mitigar las consecuencias del cambio climático y permitir
la descontaminación ambiental entre otros aspectos. Si no se conserva o se destruye también desaparecen las aves, no sólo las que puedan estar en peligro de extinción sino también las más comunes y populares como el gorrión.

La presencia o ausencia de aves es un termómetro de la salud de los ambientes. El bosque de Ciudad Evita es reconocido como “pulmón del Oeste” y parte integrante de un espacio mayor, la del área metropolitana de Buenos Aires.

RESERVA NATURAL, EJEMPLO URBANO, HISTÓRICO Y AMBIENTAL

Este espacio verde representa un ejemplo urbano, ambiental e histórico para los vecinos de
La Matanza, y en especial para los de Ciudad Evita y organizaciones sociales que tanto
reclamaron para que se proteja esta zona boscosa, lo que permitirá seguir avanzando en un
camino de vida más sustentable y saludable para el distrito.

En Argentina existen alrededor de 600.000 kilómetros cuadrados de humedales, un 21,5 % de nuestro territorio nacional. Son reservorios de gran diversidad biológica, fuentes de agua y productividad primaria de la que muchas especies vegetales y animales dependen para vivir.

Los humedales brindan enormes beneficios tales como el suministro de agua dulce, alimentos, materiales de construcción y biodiversidad, controlan las crecidas del agua, la recarga de las aguas subterráneas y mitigan los efectos del cambio climático.

El proyecto para la Reserva fue impulsado por vecinos -se conformó un grupo vecinal llamado “Amigos del Bosque de Ciudad Evita”- y distintos funcionarios.

El 17 de septiembre de 2015 el Concejo Deliberante, en su tercera sesión ordinaria, y por unanimidad, declaró al lugar como Reserva. Dicha acción se encuadra en la Ley Nacional de Bosques N° 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, que el Congreso Nacional aprobó a fines de 2007. Esta ley establece que las provincias deberían realizar el ordenamiento territorial de sus bosques nativos a través de un proceso participativo y categorizando los usos posibles para las tierras boscosas: conservación, transformación para la agricultura y uso sustentable del bosque zonificando las áreas en tres categorías.

La ley constituye una herramienta para asegurar a través de su aplicación la conservación de
nuestros bosques nativos.

RESERVA NATURAL Y ÁREA ECOLÓGICA PROTEGIDA

 

Los Bosques de Ciudad Evita, poseen variedad de árboles, pastizales y humedales asociados
a la planicie de inundación de la cuenca media del Río Matanza. De gran importancia para la
comunidad matancera, ya que permite revalorar y conservar para la posteridad este ambiente de significación ecológica.

Ciudad Evita cuenta con el antecedente de haber sido declarada en 1997 como “Lugar histórico nacional”, por esto se intentaba declarar al bosque como Reserva de carácter nacional.

La Reserva posee árboles y pastizales que es de enorme importancia ecológica para la
preservación de la biodiversidad. El área actúa en la amortiguación de las inundaciones de la
cuenca (por la gran absorción que ejerce su vegetación), la generación de un microambiente y su clima y la purificación de contaminantes, entre otras acciones.

Se contribuye a la preservación de un espacio natural del Partido y sus especies- entre otras abundan sauces, talas y gramíneas, aves, insectos, roedores, etc.-. Actualmente existen unas 15 áreas protegidas dentro de la cuenca Matanza- Riachuelo entre las cuales se encuentran estos bosques.

ÁREAS DE PROTECCIÓN AMBIENTAL DE LA CUENCA MATANZA RIACHUELO

Este folleto de Acumar (Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo) señala las áreas que son
consideradas de interés para su conservación. Poseen estatus o normas de protección que
las regula y valoradas por su significado ecológico, arqueológico, paleontológico o como
espacio verde de recreación ciudadana. Entre las áreas protegidas se encuentra la Reserva
Natural de Ciudad Evita (La Matanza).

Al lugar puede accederse por uno de sus extremos en los que se ha habilitado una suerte de
sendero y zona de esparcimiento, para caminatas cortas. Hay sectores de difícil acceso y
rodeados de construcciones humanas. Los humedales del interior pueden verse mayormente
desde el ferrocarril que los atraviesa por el lado contrario a su arco de entrada, en la otra orilla de la ruta.

El Patrimonio deja de ser en estos tiempos sólo construcciones, obras de arte u otras
creaciones intangibles del hombre. Se trata también de un bien común, natural, accesible a
todos y que nos permite entender parte de la conformación de un lugar y atender a la
necesidad de preservarlo para las futuras generaciones. Es muy necesario acompañar a la ley
nacional de bosques con un efectivo cumplimiento y con una inmediata ley de humedales, dada su importancia. La inacción legislativa permite que valiosas áreas sigan degradándose frente al crecimiento urbano y a las presiones inmobiliarias.

La presencia de esta primera Reserva matancera genera un impacto social positivo para todos. Los espacios verdes son parte de la identidad del Partido de La Matanza.

META AMBIENTAL

La pérdida y disminución del número de especies es un gran problema ambiental según
análisis de instituciones conservacionistas y repercute en lo cultural y social. Por lo tanto,
preservar los bosques es contribuir a preservar nuestra identidad histórica y ambiental y
mejorar la calidad de vida de la gente.

Profesoras: Adriana Fernández y Stella Maris Cabrera.