En principio, señalar que ser de clase media en Argentina, a lo largo del siglo veinte, no representó sólo una cuestión de ingresos, sino que incluyó todo un conjunto de prácticas, formas de hacer y de pensar que le dieron identidad a quienes la integraban.

Es decir, que los sectores medios no se definieron únicamente por su capacidad de consumo, sino más bien, teniendo en cuenta qué y cómo consumían. En definitiva, ser parte de la clase media fue –y sigue siendo- adoptar un estilo de vida distintivo.

En este sentido, es importante aclarar que la clase media argentina nunca fue un grupo del todo homogéneo, pero hoy lo es todavía menos. Tampoco ser de clase media significa lo mismo que significó durante el último siglo, debido a que algunas características que la identificaron, como la estabilidad en el empleo (y el contrato de trabajo por tiempo indeterminado), la posibilidad concreta de la casa propia o las vacaciones anuales ya no son la norma.

En la actualidad lo que podemos definir como clase media no dejó de existir, pero se encuentra con dificultades, ya que por un lado se ven obstruidos los canales tradicionales de ascenso social y por otro, es claro que estos sectores disminuyeron su calidad de vida, al verse obligados a ajustar sus consumos, pasar a segundas marcas, sentir la inestabilidad de sus trabajos o tener dificultad para acceder a una casa propia.

Sabemos además, que lo último que tratan de ajustar es la educación de sus hijos, los servicios energéticos, las telecomunicaciones y la movilidad.

En nuestra encuesta realizada durante el mes de Enero en el Área Metropolitana de Buenos Aires, registramos una disminución de los niveles de consumo de los sectores medios. En este sentido, nos llamó la atención principalmente, la baja de un consumo históricamente típico de la clase media: las vacaciones de verano. Dentro de lxs encuestadxs pertenecientes a sectores socio-económicos medios, el 20% afirmó que debió suspender sus vacaciones y el 23% ajustó su descanso (modificó su destino, el alojamiento o redujo los días) a causa de dificultades económicas.

Por otra parte, el 59% dijo haber reducido las actividades de esparcimiento y el 30% la compra de indumentaria, así como el 38% haber cargado menos combustible.

Pero lo más drástico y llamativo de esta fotografía es que el ajuste en el consumo de los sectores medios llegó hasta los alimentos: el 40% consumió menos carnes y el 35% menos cantidad de lácteos en los últimos meses.

Esta situación produce consecuencias negativas, ya que cuando la clase media se ve afectada, reduce sus consumos y los más castigados son todo un conjunto de trabajadorxs por cuenta propia, que dejan de tener acceso a sus empleos esporádicos, lo que conocemos como changas.

Si bien no hay dudas de que los sectores medios están sufriendo los efectos de las políticas de ajuste y la recesión económica, el dato más crudo de la realidad es el crecimiento exponencial de los índices de pobreza e indigencia, el crecimiento del desempleo y la continuidad del proceso inflacionario que hace cada vez más difícil la subsistencia a los sectores más vulnerables.

* Manuel Zunino, sociólogo y miembro del Instituto Proyección Ciudadana.