Foto: Viajera en Bondi.

Los medios te invaden, te implantan en el cerebro la semilla del “ser individual” y empieza a germinar en nosotros desde niños un sentimiento de pertenencia que nos ingresa en modelos y envases en donde encajamos sin molestar demasiado, sin levantar polvareda. Algunos con un leve brillo y otros opacados por los otros que reciben los confusos mensajes que se reciben y no se digieren.

Lo importante sos vos te dicen en la tele, la familia, los maestros, los profesores y la sociedad en general. A toda esa filosofía del vivir mirando tu propio ombligo te la disfrazan de amor propio para darle una pizca menos de crueldad a este tipo de organización social cuando en realidad tratan de decirte que en toda tu existencia deberás luchar contra otros iguales, tus pares, para obtener el “éxito”, ese logro prefabricado que los antepasados ya te marcaron y te lo impusieron como horizonte en tu vida.

Es claro que si no te pones al frente de tu existencia nadie puede hacerse cargo de tus consecuencias al decidir, de tus fracasos y de tus logros. Eso es ser responsable de tus acciones y en ese papel sos el único protagonista, no lo confundas con ser individualista, estamos hablando de otro asunto, algo más dañino.

Aquellos defensores a ultranza del individualismo que impera hoy están tratando de convencernos que, si aún no lograste nada de lo que supuestamente debes lograr, no has hecho el esfuerzo suficiente, quizás no te lo merezcas, quizás naciste para ser uno más en esta sociedad hipócrita que te condena y te encarcela sin el debido proceso, sin poder ejercer tu derecho a defensa.

Este globo terráqueo plagado de números que nos marcan, que duelen y diferencian, donde conviven los millones vacacionando en paraísos fiscales con los centavos contados con una mano, tus medidas perfectas, tus 90-60-90 con aquellos cuerpos que explotan de rebeldía y furia dañados por la discriminación o desnudos de prejuicios , los metros cuadrados de tus propiedades con los pocos centímetros que te quedan en tus pulmones para respirar a fin de mes cuando el bolsillo duele, todo eso te enceguece y no te permite dar ese paso, abrir ese portal interior en tu pecho y ver hacia donde antes no veías, ver hacia otras realidades.

Imaginaste si un día cualquiera, lejos o cerca, abrís tus ojos al amanecer, te vestís, salís a la calle a comerte a tus rivales y ¿ya nadie está ahí para enfrentaste?. ¿Pensaste eso?. Si esta fantasía se hiciera realidad que sentido tendría toda las luchas, las heridas provocadas en el otro si ahora tenes el mundo sobre tu espalda, pesado, destruido, sin recursos, toda tu columna vertebral doblada por el peso de tu ignorancia. No la viste venir, no viste que destruyendo a otros te estabas despellejando y ahora serás solo un zombie caminando, vagando, buscando algo para comer, algo por lo que vivir.

El consumismo que te vendió sonrisas y abrazos de papel que rápidamente se prendieron fuego con el despertar de aquellos que mediante la empatía lograron salvarse, todo se te vuelve cenizas, compraste sin necesitar y ahora necesitas pero eso que te llena no se puede comprar.

Tu verdadero ser te va arrinconar en alguna esquina del barrio, la más oscura y te enfrentará con tus deseos y tus miedos, en ese momento vas a seguir pensando solo en tus zapatos o vas a probarte los zapatos de los que te rodean para que puedas empezar a ver hacia adelante, hacia los costados y sobre todo puedas ejercitar las articulaciones de tus manos cuando tengas que sostener en tus palmas la palma del que precise de apoyo, ayuda o contención.

Si aun no podes entender que somos parte de un todo enorme y gigantesco donde nuestros cerebros, almas y cuerpos están conectados trata de hacer el menor daño posible, causa menos lastimaduras en los corazones de tus cercanos que ya a esta altura del partido donde vamos perdiendo por goleada es un primer gesto demasiado importante como para no intentar ese cambio.