Este segundo confinamiento será menos estricto que el de la primavera (otoño en la Argentina), ya que las escuelas y los servicios públicos permanecerían abiertos.

Solo se podrá salir de casa para trabajar, recibir tratamiento o urgencias, y estará prohibido reunirse y desplazarse entre regiones excepto para el regreso de las vacaciones.

“El virus circula en Francia a una velocidad que ni las peores previsiones imaginaron”, subrayó el mandatario, citado por el diario catalán El Periódico.

Agregó que “el virus parece ganar fuerza a medida que las temperaturas bajan” y aceptó que los franceses han “aprendido de las insuficiencias de la primera hora”.

Un 58% de las camas de los hospitales están ocupadas y se registran cada día cifras máximas de contagios, según datos oficiales.

“Si no conseguimos frenar los contagios, pronto no podremos atender a otros pacientes como víctimas de accidentes de tránsito”, señaló el mandatario.

Macron refirió que las nuevas medidas servirán para proteger a los mayores, a los niños, al personal sanitario, a las personas vulnerables y la economía.

A pesar de que se permite salir a trabajar, el mandatario pidió que se opte por el teletrabajo en la medida de lo posible y se evite todo tipo de movimientos y reuniones innecesarias.

Entre marzo y mayo, los 67 millones de franceses sólo podían salir para ir a trabajar cuando no era posible hacerlo a distancia o para realizar actividades básicas como comprar víveres y medicamentos, o hacer una hora de ejercicio diario.

Desde el comienzo de la pandemia Francia reportó más de 1,27 millones de casos confirmados de coronavirus y de 35.500 muertes por la enfermedad.

El martes, más de 2.900 enfermos estaban internados en terapia intensiva, es decir la mitad de la capacidad actual (5.800 camas) de estos servicios.

El presidente de la Federación de Hospitales de Francia, Frédéric Valletoux, señaló que el toque de queda de 21 a 6 “no dio los resultados” esperados.