El país más importante de Oceanía experimenta una de las peores crisis ambientales de su historia, debido al desarrollo de fuertes incendios desparramados en miles de kilómetros de su territorio.

Se contabilizan al menos 24 muertos, hay desaparecidos y miles de edificaciones fueron arruinadas por la catástrofe ambiental, que destruyó más de 36.000 kilómetros cuadrados del sureste australiano. Pero el daño más importante viene por el lado de la flora y fauna tan característica del país.

Científicos calculan que más de 480 millones de animales murieron por los devastadores incendios y algunas especies se encuentran en serio peligro de extinción. Ese es el caso del tan particular koala: en los últimos días murieron 25 mil ejemplares y los especialistas temen que se extinga definitivamente de la faz de la tierra.

Por otro lado, el impacto impacto ambiental a corto y mediano plazo es inmensurable. La merma impresionante en el reino animal afectará la polinización de plantas o al transporte de semillas.

Esta semana había 136 focos de incendio que permanecen sin ser controlados. El gobierno anunció el despliegue de un operativo militar y civil, que intenta calmar el fuego utilizando helicópteros y aviones, al igual que una ayuda económica de 1.400 millones de dólares para revertir la crisis.

Lo paradójico de la situación, es que quien debe actuar para combatir la crisis ambiental es el primer ministro australiano, Scott Morrison, un político considerado negacionista del cambio climático.

Pero las causas de los incendios distan de ser explicadas por un factor exclusivamente endógeno: la tasa de incendios y olas de calor se repiten cada vez con más intensidad y mayor frecuencia, una consecuencia directa del cambio climático.