Por: Profesor en Historia Carlos J. Alegre.

Una antigua vecina de Isidro Casanova, llamada Rokina Catino, al remontarse al pasado esboza el siguiente recuerdo, diciendo que para 1970 solo existían unas 15 o 20 casas, formando todo el barrio, con extensas calles de tierra, muchos árboles de eucaliptos predominaban en la fisonomía semi-urbana de la localidad, una zona habitada en su mayoría por inmigrantes de origen europeos, principalmente italianos, que se afincaron con la esperanza de cambiar su economía.

Una de esos inmigrantes italianos fue la señora Rokina Catino, quien llegó a la Argentina en el año 1945, con tan solo 5 años de edad, con sus padres y hermanos, escapando de su patria por motivos de la guerra. Una vez afincada en La Matanza, se instaló en Isidro Casanova, en la calle Oliver 467, formó una familia con su marido y dos hijos.

Cuando fallece su marido, ella se integra a la junta vecinal del barrio, para proyectar la construcción de una escuela, en dicha comitiva, se unió a otros italianos, y también conoció a un destacado vecino: el señor Luis Alberto Settino, quien se destacó por ser un gran colaborador con el proyecto. Hoy la calle principal de la escuela lleva su nombre: Settino (ex Amambay).

Inmediatamente, la comisión recaudadora comenzó a realizar kermesses, rifas, fiestas, y a recibir numerosas donaciones, por ejemplo, la empresa “Coca-Cola” colaboró con gaseosas; La fábrica de la Borgward donó la bandera de ceremonia; La Municipalidad de San Justo donó el bombeador, una heladera y una cocina; también existieron donaciones de comercios cercanos y de personas que hacían llegar sus aportes.

En aquella década del 70, los primeros alumnos, comenzaban las clases, con tan solo un director llamado: Pablo Edgardo Hilaire, y 8 maestros, y como portera la señora: Rokina Catino, la cual realiza una descripción de una modesta escuela, con pocas aulas, varios banquitos, un baños, los pisos aun de tierra y con escombros.

Paulatinamente y con un titánico sacrificio, de la comunidad educativa, miembros de la cooperadora y demás voluntarios, la escuela se fue convirtiendo en la segunda casa de los niños del barrio, cuya portera siempre se alegraba de ver como la obra edilicia, humana y cultural se iba consolidando a medida que el tiempo transcurría. Su nombre: “Escuela República de Italia”, se debe a la comunidad de inmigrantes europeos, que con esfuerzo y dedicación, proyectaron e hicieron realidad el sueño de fundar una escuela nueva en el barrio.

Cinco décadas han pasado, tantas personas han transitado por sus patios, que sería imposible nombrarlos uno por uno. En el presente sus ex alumnos recuerdan el club de padres, porque sus familias fueron miembros activos de la cooperadora, y hoy forman parte de los cimientos de esta institución. Por las redes desfilan algunos nombres de sus primeras maestras como: Lucía Woodman. Antonia. Lidia. Celia. Haydé entre otras.

Para cerrar este artículo lo hacemos con el testimonio de la señora Rokina Catino:
Rokina Catino: -“Después de 30 años de trabajo me llevo lo mejor de los chicos, maestros y directivos. Me siento feliz de haber hecho todo lo que hice, y que hoy en la actualidad sigue funcionando la escuela. Hoy la veo y siento satisfacción total. Valió la pena tanto sacrificio de muchas personas. El año que viene cumplirá 50 años, ¡qué más puedo pedir!”