Desde su fundación, el 25 de diciembre de 1856, San Justo ha sido siempre la cabecera del partido de La Matanza. Pero por un breve lapso de tiempo esto pudo haber cambiado.

La Década Infame que los conservadores ejecutaron luego del Golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 se expandió por todo el territorio nacional. La política y los negocios formaron parte de una misma cosa para quienes se sentían los verdaderos “Dueños de la Argentina”.

En el año 1939 gobernaba la provincia Manuel Fresco. Todo un símbolo del caudillismo bonaerense, Fresco lideraba el Partido Demócrata Nacional (PDN). En la Intendencia de Matanza se había comisionado como máxima autoridad a Agustín Isaías de Elía.

Descendiente de Francisco Ramos Mejía, de Elía además de Intendente se desempeñaba como senador y creyó ver un gran negocio en el traslado del Palacio Municipal. La Matanza entonces tenía aproximadamente entre 60.000 y 70.000 habitantes y no lograba explotar demográficamente. Por entonces San Justo no era el poblado más desarrollado del distrito.

Según un informe del gobierno comunal de entonces, su población estable rondaba los 4.000 habitantes, mientras que en Ramos Mejía, en diciembre de 1938, había 28.215 personas. La influencia del Ferrocarril Oeste hacía que el poblado más próspero fuese Ramos Mejía, impulsando básicamente al comercio y también a la industria liviana. Sin embargo, seguía siendo San Justo la Ciudad cabecera por donde pasaba la administración política.

Entonces el intendente de Elía creyó oportuno presentar un proyecto para construir un nuevo Palacio Municipal en terrenos baldíos ubicados en Avenida de Mayo al 1.500. En una superficie totalmente despoblada, a principios de 1939 se pensaba crear el barrio parque General Bartolomé Mitre junto a la nueva sede comunal. Los conservadores matanceros supusieron que la obra iba a ejecutarse rápidamente y se inauguraría en enero de 1940.

Pero, inesperadamente, surgió una fuerte oposición del vecindario sanjusteño que iba a traer complicaciones políticas para el Intendente.

Además del flamante Palacio Municipal y del barrio General Bartolomé Mitre, el proyecto anunciaba una sucursal bancaria, un colegio nacional, una sala de cine, un recreo público y un edificio para aguas corrientes. Es más, las autoridades aseguraban que el Estado municipal ya había adquirido una parcela de tierra de 120.000 metros cuadrados (12 manzanas). Para impedir alguna oposición, se intentó apresurar la gestión para imponer la iniciativa.

De inmediato, y ante la velocidad que tomó el proyecto, en San Justo se constituyó la Unión de Vecinos de Matanza. Encabezados por un joven médico que con el paso de los años daría que hablar. Él era Ignacio Arieta, quien junto a Héctor Fernández Mendy, José E. Eizaguirre, Joaquín Domato y Vicente Capurro, todos referentes mayoritariamente vinculados a la UCR, desplegaron una intensa actividad.

El radicalismo matancero movilizó a vecinos y realizó actos públicos de gran convocatoria. Para no quedarse en la gestión local también les enviaron telegramas al gobernador Fresco y al presidente Roberto Ortiz. Una de las figuras que ganó espacio en la escena política fue
precisamente el doctor Arieta. Para impedir el traslado de la sede comunal, Arieta
argumentaba que se trataba de un gasto innecesario y que “el actual Palacio Municipal es
nuevo y bello; y cuesta desde su inauguración en 1927 hasta ahora, cerca de 400.000 pesos”.

Esto último lo expresó en el salón de actos del diario capitalino La Prensa hasta donde se llegaron decenas de matanceros opositores al traslado. Ante tamaño movimiento, Agustín de Elía optó por insistir con el proyecto; no quería que los radicales le torcieran el brazo.

Para eso hizo organizar otro movimiento vecinalista propio pero en este caso para apoyar su idea. En una carta sin firmas lo alentaban a seguir adelante. La esquela se publicó el 17 de junio de 1939 en el diario El Oeste: “todas las grandes empresas de aliento que hicieron grande a este país tuvieron opositores, pero en este caso somos la inmensa mayoría de la población de este partido los que hemos de acompañar”.

La batalla estaba declarada y el Intendente no se privó de nada. Los mismísimos inspectores municipales salieron a la “caza” de adherentes. Arieta no dejó pasar la grosería política y denunció a de Elía ya que “inspectores y empleados de la Municipalidad de Matanza, haciendo gravitar el peso de su autoridad, recorren pueblos y villas del partido exigiendo adhesiones para el proyecto”. Al parecer los inspectores presionaban a pequeños comerciantes de los distintos pueblos matanceros.

Ante tal ofensiva los vecinos de San Justo sacaron un as de la manga y le asestaron un golpe de gracia al intendente de Elía. Los vecinos dieron a conocer a la opinión pública que las tierras en donde se quería construir el nuevo Palacio Municipal y el barrio General Bartolomé Mitre pertenecían “a la sucesión de doña Magdalena de Elía de Ezcurra”, familiar del Intendente.

O sea, el Jefe Comunal quería construir una mega obra en tierras que eran propiedad de un pariente directo. Se supo así que el tema de fondo, en verdad, era un negocio inmobiliario con destinatario directo. Quedaba demostrado que el nuevo edificio municipal ocultaba favores comerciales para la familia de quien impulsaba el proyecto. Esto sublevó a los vecinos de San Justo que el domingo 2 de julio colmaron la plaza céntrica.

Banderas y carteles poblaron el centro cívico (ver foto). Acusaron al jefe comunal de intenciones de canalizar fondos públicos hacia su familia. Hasta un descendiente de Justo Villegas se hizo presente en el mitin.

“Se buscan tierras familiares para sacarles rentas”, acusó sin tapujos Alfredo Villegas Oromí ante la ovación de la multitud. El intendente Agustín de Elía estaba derrotado, sabía que ya era una batalla perdida y solo atinó a responder con palabras desafortunadas. “En 74 años San Justo no ha registrado ningún acontecimiento digno de mención. Es un pueblo viejo, cuya iglesia está en pésimas condiciones y donde no existe ni una comisión de damas que se ocupe de obras de beneficencia”, lanzó en los periódicos de la época.

Finalmente, el proyecto naufragó. El gobernador bonaerense Manuel Fresco, jefe político de Agustín de Elia, le había bajado el pulgar a la iniciativa. Como todos sabemos el Palacio Municipal no se movió de su lugar. El que hoy conocemos sobre la calle Almafuerte 3050 sigue siendo aquel que se edificó en 1927.

Pero la enseñanza que deja este hecho de la historia es que el poder político matancero, en manos de los conservadores de los años 30, había quedado. Negocios y negociados formaban parte ineludible para los padres del Fraude Patriótico. Pero el pueblo dijo presente y evitó el “affaire”.

Alejandro Enrique
Subsecretario de Cultura Municipio de La Matanza
Historiador y Periodista