Trabajadores de la fábrica Pulqui denuncian un vaciamiento de la empresa con el objetivo de despedir personal sin ejecutar el pago de salarios adeudados ni de indemnizaciones. Se trata de un proceso que comenzó tiempo atrás pero que se profundizó el año pasado, cuando comenzaron a registrarse numerosos despidos de personal.

“Me terminaron echando y como a la mayoría no me pagaron la indemnización ni el sueldo, nada”, indicó B. uno de los empleados despedido en agosto del año pasado, pidiendo estricta reserva de su identidad. En abril de 2019, Matanza Digital publicó que la fábrica había reducido a la mitad la planta laboral sin pagarle a los despedidos, que entonces eran alrededor de 40. Pero según el testimonio de otros trabajadores, la cantidad de despedidos ascendería a más de 120.

“A mí cuando me echaron me querían obligar a subirme a un auto e ir a un Correo para enviar un telegrama de despido. Me querían echar como un perro después de tantos años de trabajo, pero me planté y les dije que no”, comentó C., otro trabajador, que se desempeñó durante 10 años en la empresa y fue despedido en 2018.

Si bien la empresa le comunicaba a sus empleados que se encontraban en crisis, esto último es desmentido por los despedidos: “Yo sé que vivimos 4 años de crisis, pero no fue el caso de ellos. El rubro de seguridad industrial no se vio afectado”, agregó C., otro trabajador despedido en abril de 2019.

El cambio de razón de social

Pulqui es una marca de calzado e indumentaria de trabajo, cuya fábrica principal se ubica en Malabia y Camino de Cintura, en San Justo. También realiza producción para la marca Pampero, de mayor renombre entre las empresas del rubro. Pero con el proceso de vaciamiento, las máquinas fueron mudadas a un nuevo domicilio ubicado sobre la calle Las Heras, a metros de la Avenida Crovara, en La Tablada.

Así lo aseguraron los tres ex empleados con los que habló MD. “Están trabajando a puertas cerradas en ese galpón que no tiene cartel, ni siquiera numeración. Hoy no hay nada en San Justo”, denunció B..

El trabajador explicó que la mudanza se dio luego de que los dueños de Pulqui impulsarán un cambio de razón social, que hasta entonces figuraba bajo el nombre de Industrias Vezyca S.A. “Crearon una empresa, que en realidad ya estaba: Industrias Pulqui S.A. Hicieron renunciar a toda la gente y los pasaron ahí. Los convencieron diciéndoles que la empresa ‘estaba mal’ pero era para evitar el pago de indemnizaciones. Después los echaron a todos”.

MD cotejó la información y efectivamente Industrias Pulqui S.A. creó su personería jurídica el 14 de mayo de 2018 e inició sus actividades fiscales en febrero de 2019. Pero los trabajadores aseguran que existen otras razones sociales con las que opera la firma: “Ellos tienen testaferros por todos lados, producen en Castelar, San Justo, La Tablada y Morón”, aseveró C.

Una sucesión completa la operatoria

Para los ex trabajadores de Pulqui es evidente que la empresa buscó despedir al personal y no abonar los salarios adeudados, tal como exige la ley. El cambio de nombre y el traslado de la producción fueron piezas claves para poder concretar la operación.

“A mi me arruinaron, porque cuando me echaron ni siquiera me pagaron el mes. Ahora estoy en juicio, pero lo más valioso que tiene la empresa son las máquinas: eso lo pasaron al galpón. Lo único que quedó es el edificio, pero está en sucesión. Y las sucesiones para cobrar tardan un montón, por eso te dicen: ‘bueno, haceme juicio’. Y así siguen jugando con la gente”, sumó B.

Para otro ex empleado, los movimientos se vinculan con la historia familiar de los dueños de la empresa. “El dueño tenía una pareja que lo cuidó mientras estaba enfermo. Cuando falleció, en el testamento él le dejaba una parte de la empresa a su pareja. Por eso los hijos quiebran la empresa, para no darle a la pareja del papá la parte que le correpondía. El entramado familiar le costó a 120 familias el plato de comida”, lamentó C.

Y agregó: “Hay gente muy mal, hay un compañero que tiene 5 hijos y quedó en la calle. También echaron a una chica que hacía un mes que había sido madre y a un compañero que le faltaba sólo un año para jubilarse. No les importó nada”.

En cuanto al accionar del sindicato que interviene en el sector, Utrica (Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado), todos los trabajadores coinciden en señalar su complicidad con los despedidos. “Están arreglados con ellos”, dijeron. MD se comunicó reiteradas veces con la seccional matancera del sindicato para hablar con su secretario general, Juan Carlos Leiva, pero nunca pudo establecer un contacto.