Fernando Haddad y Luiz Inácio Lula da Silva en un acto del PT.

Atrás quedó la idea de que Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato con mayor intención de voto en Brasil, pueda volver a ser elegido para dirigir al país vecino. Hoy vencía el plazo para que los partidos políticos presentaran candidato presidencial y el dirigente eligió no correr el riesgo de que el Tribunal Electoral anulara la candidatura del partido, quedando excluido de la terna por el control de las riendas del país.

El Partido de los Trabajadores (PT) no tuvo más opción que elegir a Fernando Haddad para que vaya al frente de su lista. Es que desde el 31 de agosto, el Tribunal Electoral invalidó la candidatura de Lula, quien apeló a la instancia Superior de la justicia brasilera, el Supremo Tribunal Federal.

El ex presidente petista se encuentra detenido desde el 7 de abril, tras ser condenado a 12 años y un mes por corrupción pasiva y lavado de dinero en el marco de la causa Lava Jato. Se lo acusa de haber recibido un departamento en el balneario paulista de Guarujá en carácter de soborno por parte de la constructora OAS, algo que Lula desestima. Denuncia falta de pruebas y persecución política contra su persona.

A pesar de haber presentado un recurso para mantener su candidatura en las elecciones del 7 de octubre, la justicia brasileña le dio plazo hasta hoy para que el Partido de los Trabajadores (PT) le designe un reemplazante.

Así las cosas, quién iba a ser el vicepresidente de Lula será su reemplazante: el ex alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, fue confirmado esta tarde por la Dirección Ejecutiva Nacional del PT como candidato a presidente.

Del otro lado del arco político, el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro, es quién encabeza las encuestas, detrás de Lula. Bolsonaro fue apuñalado el jueves durante un acto partidario y aún se encuentra en estado grave.

La situación de ambos candidatos da cuenta del convulsionado ambiente político que se vive en Brasil tras la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff y las políticas de ajuste brutal que llevó a cabo el presidente provisional Michel Temer.

Quién gane las elecciones en el país vecino deberá sobrellevar la crisis institucional motivada por los casos de corrupción que despertaron las causas del Lava Jato y niveles de violencia de la sociedad que son alarmantes, de la que los atentados y asesinatos políticos son una expresión cotidiana.