Por 61 votos a 20, la Cámara Alta de Brasil destituyó a la presidenta de Brasil, suspendida desde mayo por el proceso de impeachment impulsado desde la cámara de Diputados en una escandalosa sesión.

Rousseff fue hallada culpable de alterar los presupuestos mediante tres decretos no autorizados por el Parlamento y de contratar créditos a favor del gobierno con la banca pública, lo cual negó durante todo el proceso.

No obstante, la prohibición a Dilma Rousseff para ejercer cargos públicos durante ocho años no prosperó, ya que no alcanzó el piso necesario de 54 votos (dos tercios de la cámara). Sólo 42 senadores apoyaron esa opción, 36 sufragaron a favor de mantenerle los derechos y tres se abstuvieron.

En sus primeras declaraciones tras la destitución, Dilma Rousseff señaló que “es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida”. Además, prometió una “enérgica, determinada y firme oposición a los golpistas”.

El presidente interino, Michel Temer, quedará firme en el cargo hasta 2018. Sus primeras medidas políticas serán un ajuste de la economía, y el impulso de una reforma del sistema jubilatorio y flexibilización laboral.

Distintas reacciones en América Latina

La Cancillería Argentina emitió un escueto comunicado, a través del cual manifestó que el Gobierno “respeta el proceso institucional en el hermano país” de Brasil, a la vez que “reafirma su voluntad de continuar por el camino de una real integración en el marco del respeto absoluto por las instituciones democráticas”.

Mucho más enérgica fue la reacción del gobierno de Ecuador, que emitió un comunicado señalando que “rechaza la flagrante subversión del orden democrático en Brasil, que considera un golpe de Estado solapado”, y además retiró a su encargado de negocios en el vecino país.

En el mismo sentido de repudio se pronunciaron Venezuela (que retiró a su embajador), Bolivia y Nicaragua. El representante nicaragüense de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Exequiel Alvarado, opinó que “las fuerzas regresivas del hemisferio siguen trabajando para provocar golpes de Estado en contra de los gobiernos progresistas de la región”.