El cambio justo, o la tibieza no perdura

La grieta son los medios. La audiencia cautiva no hace zapping. Cómo lo aprovecha Sergio Massa.

Los medios de comunicación corporativos jugaron un papel fundamental durante la última campaña política. Como alterego del periodismo militante kirchnerista, crearon un periodismo militante bizarro (o “de guerra”) en una especie de universo alternativo. Gritos y agravios empezaron a ocupar cada vez más tiempo en los programas políticos de televisión, y las editoriales de los diarios se cargaron de teorías conspirativas. Con el tiempo, se identificó con ellos una audiencia con una fuerte impronta antiK emocional.

Si el periodismo militante K se encargó de hablarle solamente a un público convencido, los medios corporativos alimentaron un sujeto igual de ortodoxo, pero mucho más enojado. Entonces, empezaron a hablar de la grieta.

Sin entrar en la inútil discusión de si está primero el huevo o la gallina, la grieta fue y es alimentada por estos medios de comunicación. No hay en la sociedad, en la gente de a pie, una identificación masiva con los discursos violentos, sino más bien un hartazgo hacia ellos. Prueba de esto es que quien ganó las elecciones pasó de ser el candidato más antiK a ser opositor moderado, cuando ajustó oportunamente su discurso durante el festejo de la victoria de Horacio Larreta en la Capital.

“la grieta fue y es alimentada por medios de comunicación”

También es prueba de esto que Sergio Massa es uno de los políticos con mejor imagen positiva del país. El tigrense trabaja su estrategia con la certeza de que la grieta sólo existe en los canales de televisión. Hábilmente, ajusta su mensaje a la audiencia a la que se esté dirigiendo, sabiendo que el público jamás mira “el otro canal”. El Sergio Massa de TN es menos crítico al macrismo que el que dialoga con Roberto Navarro. El Sergio Massa de C5N es menos severo con las causas de corrupción del kirchnerismo que el que se sienta en Código Político.

Desde luego que es un juego arriesgado, porque esa posición se hace cada vez más insostenible, en la medida que se acercan las elecciones. Y ni aún con el mejor termo la tibieza perdura.