Aún recuerda cuando un compañero en la secundaria le dijo: “CORRETE GORDA”
En ese momento no se dio cuenta de la fuerza que tienen las palabras cuando son dichas para dañar.

La huella que le provocó esa burla la acompañó hasta el inicio de su madurez, tapándose el cuerpo. Eligió la masculinización de su ropa como forma de cubrir esos kilos que no son aceptados.

Muchos intentos de dietas, algunos exitosos y otros fallidos, son parte de la historia.
Aunque hoy es consciente de que el sobrepeso y la obesidad son contraproducentes para la salud, entendió que a la sociedad no le importa tanto su presión arterial. Duda mucho que aquellos discriminadores se estén preocupando por sus niveles de glucemia, colesterol.
A ellos, a los etiquetadores seriales, les molesta que la gorda se exponga, que exponga su amor propio, que se quiera ver bien.

La gorda es más que celulitis, rollos y excesos. Muchos de los kilos esconden situaciones más profundas quizás sin revolver. No debe romantizarse la gordura, está claro. Simplemente muchas mujeres víctimas de bullying por haber escuchado opiniones que no pidieron están intentando amarse cada día un poco más.

Es una lucha continúa pero cuando la decisión de quererse está tomada no hay vuelta atrás, independientemente de los centímetros de cintura que logres reducir o los dedos que te apuntan para juzgar.