"Espero que todo el país se enamore de Christine Lagarde", señaló Macri durante una cena de gala en EEUU (Foto: Agencia NA)

La agenda presidencial en la Asamblea General de las Naciones Unidas pasará desapercibida. Mauricio Macri apostó todas las fichas de su visita a Estados Unidos a la ampliación del acuerdo financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es la única salida buscada por su gobierno a la crisis cambiaria, que devaluó la moneda en un 50% en apenas nueve meses.

Mientras el presidente declaraba su enamoramiento a la directora del FMI, Christine Lagarde, las negociaciones por más préstamos redundaron en un avance sobre el control de la economía (y por ende, la política) Argentina por parte del organismo. En la tranquila mañana del cuarto paro general contra el gobierno por la pérdida del poder de compra del salario, sorprendió la noticia de la salida de Luis “Toto” Caputo del Banco Central.

Quien lo reemplazará será Guido Sandleris, hasta ahora secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda y ex funcionario de María Eugenia Vidal. Economista, se especializa en finanzas internacionales, y cuenta con numerosos trabajos académicos sobre el efecto de las crisis financieras y los costos de los defaults soberanos.

En marzo de este año la propia Lagarde señalaba que no estaba en el país “para prestar, la Argentina no lo necesita”. Lo decía desde la Universidad Torcuato Di Tella junto a Nicolás Dujovne. Seis meses más tarde un hombre del riñón del ministro, docente de esa casa de estudios y ex investigador del FMI, ocupa el Banco Central. No hay forma de no ver un claro avance del Fondo sobre economía política local, mientras sobrevuela el temor a una nueva crisis de deuda externa.