Un prestigioso centro de estudios cuestionó el accionar de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en el la desestabilización del gobierno de Evo Morales, que terminó con un golpe de Estado amparado con el accionar de la policía y las fuerzas armadas.

Se trata del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), un think tank con sede en Washington, que está integrado por dos premios Nobel de Economía como Robert Solow y Joseph Stiglitz.

El informe de la organización permite dar cuenta cómo la OEA le dio argumentos a la oposición para sembrar sospechas sobre el recuento de votos y avanzar en el golpe de Estado; al mismo tiempo que demuestra que la denuncia de “fraude” que realizó el organismo contra el gobierno de Morales no tiene un correlato empírico que la avale.

El clima previo

Antes de adentrarse en las críticas del informe, conviene repasar lo ocurrido previo al golpe de Estado. Los números de la elección en Bolivia propiciaban un cierre ajustado, donde Evo Morales debía obtener más del 40% de los votos y obtener una ventaja superior al 10% respecto del segundo competidor (que fue Carlos Mesa), para lograr imponerse en primera vuelta y evitar un balotage que podría unificar a toda la oposición en su contra.

El proceso electoral ya presentaba una fuerte impugnación por parte de organizaciones de la oposición que cuestionaban la legitimidad de Morales para presentarse a un nuevo mandato, algo que prohíbe la Constitución boliviana -y que fue ratificado en un referéndum popular en 2016– pero que fue aprobado por un fallo del Tribunal Supremo de Justicia boliviano (el equivalente a la Corte Suprema argentina).

La elección se llevó a cabo sin mayores inconveniente, pero se complicó cuando comenzó el escrutinio provisorio, llamado Transmisión de los Resultados Electorales Preliminares (TREP). Este se interrumpió cuando estaban cargadas el 83,85% de las actas y Morales obtenía el 45,7% del total, llevándole 7,87% a Carlos Mesa.

Según el renunciado vicepresidente del Tribunal Electoral, Antonio Costas, la interrupción se debió a una suspensión por un alerta de “ataque informático”, que no modificó la veracidad de los resultados.

Cuando se retomó el conteo rápido y se llegó al 95,63% de las actas, el resultado fue de 46,86% para el presidente y 36,32 para el opositor, ahora sí logrando obtener los más de 10 puntos de diferencia. La diferencia se mantuvo con el escrutinio final, cuando Morales terminó con el 47,08% y una diferencia del 10,5% sobre Mesa.

Evo lograba ganar en primera vuelta y evitar el balotage, pero la interrupción del sistema motivó la movilización de la oposición que reclamaba la renuncia de Morales, provocando destrozos y quemas de actas electorales en varios Tribunales Electorales Departamentales de Bolivia. Esto fue la antesala del golpe de Estado.

La intervención de la OEA

El gobierno intentó despejar cualquier duda de fraude. Pidió la intervención de organismos internacionales como la OEA para auditar la transparencia de los comicios. En este momento, comienza a ser clave el accionar del organismo.

Mientras la violencia de la oposición ascendía, la OEA lanza un documento en el que afirma haber encontrado supuestas irregularidades en el escrutinio y reclama que se repitan las elecciones debido al “cambio drástico y difícil de explicar en la tendencia de los resultados preliminares”.

Sin embargo, el informe del CEPR sostiene que el organismo “no proporcionó evidencia sustentando estas declaraciones que sugieren que el conteo rápido podría ser incorrecto o ‘difícil de explicar’”.

De hecho, el centro de estudios explicó que el “cambio de tendencia” es fácilmente explicable debido al fuerte contraste entre el voto ciudadano y el voto rural: en los centros urbanos (clase media y alta) la tendencia es menos favorable a Evo Morales, lo inverso a lo que ocurre en los territorios campesinos, el área pobre de la que él mismo proviene, donde saca una diferencia favorable muy amplia.

La cuestión es que las actas de las urnas ciudadanas llegan a los centros electorales antes de las que provienen de los apartados sectores rurales. Por eso, las últimas actas empujan la diferencia a favor de Morales. En ese sentido, los expertos del CEPR realizaron más de 500 simulaciones en base a los resultados informados con el 83,85% de las actas, cuando se interrumpió el conteo rápido, y concluyeron que el triunfo de Evo Morales por más de 10 puntos no sólo era posible sino altamente probable.

 

La instalación del fantasma de “fraude”

Tras el primer informe de la OEA, Morales convocó a nuevas elecciones pero nada pudo frenar el golpe de estado cívico-militar. Mientras se consumaba el golpe, la OEA mantuvo un llamativo silencio. Recién 24 horas después de la renuncia de Morales y ante la presión social por denunciar lo que estaba ocurriendo, el presidente del organismo, Luis Almagro, sostuvo que “hubo un golpe en Bolivia” pero que ocurrió “con el fraude electoral” que supuestamente llevó a cabo el gobierno.

Sin embargo, el CEPR cuestiona esta afirmación y demuestra que la mayor parte de los señalamientos de la OEA se hacen sobre el escrutinio provisorio, que no tiene ningún valor legal, y no sobre el oficial, que se inició poco después y no se interrumpió en ningún momento.

De hecho, el centro de estudio comprobó que los dos escrutinios confluyeron en un resultado muy similar. “Al final, el conteo oficial, que es legalmente vinculante y completamente transparente, coincidió estrechamente con los resultados del conteo rápido”, explicó Guillaume Long, uno de los investigadores, según reprodujo Página 12.