Con el 53,97% de los votos, el gobernador Juan Schiaretti fue reelecto al frente de la provincia de Córdoba sacándole una cómoda diferencia a los postules del PRO y de la UCR que compitieron por la gobernación.

El candidato del gobierno, el radical Mario Negri jugó con la estructura del PRO y obtuvo el 17,78%. La alianza Cambiemos fue a las elecciones partida en dos, dado que el sector mayoritario de la UCR apoyó a Ramón Mestre, que obtuvo el 10,94%.

Semejante diferencia permitió que la UCR padeciera la peor elección de su historia y que perdiera el bastión que conservaba desde la vuelta a la democracia en el suelo cordobés: la intendencia de Córdoba capital, donde triunfó el oficialista Martín Llayora.

El kirchnerismo decidió bajar la boleta y apoyar al PJ local para que se imponga al candidato -que no fue- de Cambiemos, en una provincia en la que en 2015 Mauricio Macri obtuvo más del 70% de los votos.

Hoy ese número parece bien lejano y el gobierno afronta el octavo revés en una elección provincial, en las que sus candidatos tienen una magra performance electoral.

“Estamos convencidos de que no habrá república en Argentina sin el peronismo y estamos convencidos de que no habrá futuro en el peronismo si no es republicano”, con esas palabras Schiaretti festejó en el búnker de su fuerza política -Hacemos por Córdoba- dejando viva la ilusión del peronismo no K de que juegue fuerte en las elecciones nacionales. Ya sea apoyando a algún candidato de Alternativa Federal o a Lavagna, o postulándose él mismo.

Esto último, sin embargo, quedó reservado al terreno de la especulación, ya que no hubo definiciones al respecto y el camino hacia el 22 de junio (día del cierre de listas) todavía está plagado de incertidumbre.