Este buzón de metal emplazado actualmente sobre la vereda de la calle Echeverría es el último testimonio del antiguo correo de nuestra ciudad. Está pintado de color rojo bermellón en la parte superior, en su mayoría, y de azul en su base -aunque tradicionalmente era negro- con unas letras en relieve que dicen “Correos” cerca de su ranura.

La historia del correo de Gregorio de Laferrere arranca en 1936 cuando el comerciante Luis Kaufman consigue la autorización para instalar en su negocio de ramos generales la estafeta postal. Así quedó a su cargo la administración de la misma. El mítico negocio llamado “Bar Luna” era un almacén y despacho de bebidas ubicado frente a la estación ferroviaria, con palenque en la puerta para que los parroquianos ataran sus caballos. Y allí funcionaba “El correo” para despachar cartas y estampillas, típicas de aquella época en la que estaba aún lejos internet o las actuales redes sociales. Se escribían cartas y postales y los sobres estampillados eran el vehículo de aquella simple pero tan valiosa forma de comunicación. Luis Kaufman tuvo la administración de la Estafeta Postal hasta 1960, cuando se crea una nueva sucursal de Correos.

Así eran los primeros buzones que se instalaban en Buenos Aires desde 1858, ubicados en el frente de algún comercio o farmacia, donde se vendían las estampillas. El servicio postal dependía del horario del comercio. Los primeros fueron de madera, y desde el siglo XIX se importaron de Inglaterra y eran de metal como los que conocemos hoy. Un empleado a caballo retiraba las cartas todos los días al atardecer. La idea de pintarlos de rojo no es argentina, procede de Dinamarca y de 1860.

El antiguo bar donde funcionó la primera estafeta postal del pueblo de Gregorio de Laferrere.

Ilustración del despacho de bebidas y anexo de ramos generales, denominado Luna, con buzón en la puerta. En ese lugar, actualmente se localiza un negocio de venta de indumentaria deportiva ubicado en Av. Piedra Buena y Murguiondo, frente a la actual plazoleta donde se encuentra el busto del fundador de la ciudad.

Desde 1978 venía funcionando la distribución de la sucursal de Laferrere en la calle Echeverría 6006, sede actual. En 1981 el correo se trasladó a la calle Piedrabuena 6420. Estuvo a cargo inicialmente de Miguel Gerez.

Hoy la sucursal es dirigida por el señor Daniel Nieva en el citado edificio de la calle Echeverría, casi esquina con Soberanía Nacional. La sede del Correo Argentino de Laferrere posee un centro de Distribución en la calle Coronel Mont 3951, también dentro de la ciudad y en el Partido de La Matanza.

El correo fue cambiando a lo largo del tiempo. Actualmente se utiliza sobre todo para el envío de telegramas, envío de dinero o encomiendas. También se ocupa de la distribución de algunos impuestos o reparto de tarjetas (de crédito o débito). Aún vemos algunos carteros que van “agiornando” su trabajo a los tiempos que corren, a pie o en bicicleta, y observamos ese solitario buzón bicolor en la vereda de Echeverría con su boca metálica que nos invita a depositar alguna nota o carta. A veces pasa desapercibido entre la muchedumbre, pero está ahí, manteniendo viva la historia de la comunicación de nuestra ciudad que en su principio fue sólo a través de papel.

El Correo Argentino es el prestador oficial del servicio público postal, telegráfico, nacional e internacional del país, y la sucursal Laferrere una de las miles que están distribuidas a lo largo del territorio nacional. La sucursal cumple con servicios postales, de paquetería, financieros, de logística, electorales y de trámites.

El buzón posee cerradura especial, su uso se limita al horario de 10 a 18 hs. Son pintados con pintura poliuretánica que es resistente al sol, la humedad y antigraffitis; como antaño, el buzón se vacía al atardecer.

Actualmente el buzón es utilizado para depositar cupones de sorteos y para correspondencia simple que se envían aún con estampillas, cada vez enviadas con menos frecuencia en esta era de los e-mails y los fax en donde todo llega al instante y en segundos. El Correo se adaptó a las demandas del mercado, donde se gestionan más paquetes de pedidos on-line que cartas y postales personales, pero reivindicamos al buzón como ícono de la ciudad.

* Escrito por las profesoras Adriana Fernández y Stella Maris Cabrera, integrantes de Instituto del Patrimonio Histórico Cultural de La Matanza.