Entre el medio centenar de entrevistas realizadas para el libro “Historia de Virrey del Pino”,
muchas fueron francamente reveladoras. Aunque hay una que es la más rica y colorida de todas; esa fue la que brindó un descendiente de la familia Ezcurra, don Mario Melchor Rom Leguineche, conocido por los vecinos de Virrey como “Bubby”.

Bubby Rom, fiel exponente de la aristocracia porteña, fue el típico Dandy de siglo XX hijo de una familia donde la tradición y las costumbres patricias eran excéntricas como sagradas. Bubby, estudió en el exclusivo Colegio Marista Champagnat, además era un personaje pintoresco que retrataba con su acento y cadencia la pertenencia a su clase social.

“Hasta los 18 años viví en la Capital (Federal). A esa edad me di cuenta del entusiasmo de mi familia por fundirse. Entonces me fui a vivir a la estancia La Recoleta que por  estamento le había tocado a mamá”, relató en su casa del pueblo de Lobos en la entrevista realizada en 2011. Había que mejorar las condiciones del casco principal de esa antigua estancia que, además, incluía una capilla propia donde los Ezcurra Leguineche celebraban las misas en el sur del Pago de La Matanza.

La estancia La Recoleta es una de las joyas arquitectónicas de La Matanza y una de las tres
grandes estancias que los Ezcurra tuvieron en Virrey del Pino. En algún momento se llamó Cabaña Lincoln ya que allí se criaban las famosas ovejas Lincoln hasta que la lana ovina dejó de ser rentable.

Bubby Rom le gustaba recordar que “entre 1880 y 1890 la lana fue un gran negocio en el país y mi abuela (Isabel Leguineche Ezcurra Pardo) tenía la cabaña de ovejas lincoln y el padre de Pablo Vigil se las administraba a mi abuela. El padre de Pablo entró a trabajar a La Recoleta como mayordomo”. La familia Vigil tuvo el curioso privilegio de trabajar en dos de las estancias más afamadas de La Matanza: La Recoleta y San Martín.

Doña Isabel Leguineche Ezcurra Pardo vivía entre 7 y 8 meses por año en La Recoleta y era ella misma la que regenteaba el negocio de las ovejas. “Yo la convencí para que instalara el tambo. Ella no quería porque las vacas hacían mucho ruido y la gente se levantaba muy temprano. Mi abuela tenía dos mucamos que la seguían a todas partes, uno de ellos era Sandalio Martínez”, asegura Rom. Doña Isabel Leguineche tenía su residencia capitalina en Florida y Maipú, a pasos del mítico cabaret El Marabú, y junto a los Pereyra Iraola y los Elortondo eran de los apellidos más renombrados de Buenos Aires.

La familia Ezcurra se permitió algunas excentricidades típicas de las familias patricias del siglo pasado. Así lo rememoraba Bubby Rom: “Mi tío abuelo, Marcos Ezcurra Pardo (conocido como monseñor Ezcurra), que era hermano de mi abuela; fue deán de la Catedral Metropolitana. Para llegar a ser obispo de la Catedral tenía que donar sus bienes al Vaticano, pero algunos familiares lo ‘persuadieron’ para que desista. Monseñor Marcos Ezcurra y Carola Leguineche eran quienes volaban en avioneta por encima de La Recoleta”.

Por entonces la familia Leguineche Ezcurra estaba todo el verano en La Recoleta. “A la mañana nos levantábamos temprano, a las diez de la mañana partíamos al río Matanza. Los hombres teníamos un balneario y las mujeres se bañaban en otro. Cada uno hacía su pic-nic a parte. Después del almuerzo dormíamos la siesta y antes de la cena se jugaba o se paseaba”.

La Estancia tenía un plantel de trabajadores estaba integrado por el cocinero José, dos  ardineros (ya que había un jardín “Nuevo” y otro “Antiguo”). Después estaban en el servicio
Pablo, Gómez, Santos Quecoche, Olindo Quecoche, y dos mucamos que atendían personalmente a los jefes de la familia.

Rom tuvo trato con un personaje que años después fama mundial. Cuando niño, visitaba a
Aristóteles Onassis quien vendía cigarrillos extranjeros en la calle Sarmiento. El magnate griego amasó su fortuna en la Argentina importando tabaco para la aristocracia porteña y entre mandado y mandado Bubby aprovechaba para saborear una de sus debilidades: “me traía unos caramelos ingleses que eran una maravilla, che”.

Su origen social y su vida de dandy jamás le impidieron a Bubby integrarse con los pobladores de entonces. Era común verlo comiendo en la Hostería de Antonio Ramos, bailando en La Anunciada o almorzando en Pelito, frente a La Recoleta. Como también cursando estudios en la Escuela Rural 157 durante sus largas estadías matanceras. Bubby Rom, el último Dandy en el sur de La Matanza.

*Escrito por Alejandro Enrique, Periodista e Historiador. Subsecretario de Cultura y Eduación y director del Instituto del Patrimonio Histórico y Cultural de La Matanza.