El “vale todo” en las fuerzas policiales no trae más seguridad

Editorial

En los últimos días ocurrieron dos hechos que horrorizan por su brutalidad: la masacre de San Miguel del Monte y el acribillamiento de Diego Cagliario en Tres de febrero. En ambos casos murieron inocentes. En ambos casos la primera reacción del entorno de los policías involucrados fue encubrir el hecho. En ambos casos, hubo silencio inicial de las autoridades.

Algunas personas creen que los problemas de inseguridad se pueden resolver a los tiros, pero en cada oportunidad que se incita a la fuerza a actuar de forma violenta, el único resultado palpable es que hay más muertes. Cuando las limitaciones propias del correcto accionar policial se vuelven difusas, empiezan a ocurrir hechos de gatillo fácil que dan cuenta de un comportamiento anárquico.

No es extraño que algunos sectores de las fuerzas sientan que tienen vía libre para hacer cualquier cosa: impera la demagogia discursiva de las autoridades nacionales y provinciales que tienen a su cargo la seguridad de la población, con soluciones que sólo sirven para capitalizar el enojo de los votantes.

Luis Chocobar le disparó por la espalda a un ladrón desarmado. No por eso mejoró la seguridad de la ciudadanía. En Monte y Tres de Febero, las víctimas fueron inocentes: quiere decir que empeoró la seguridad de la ciudadanía.

Estas prácticas suponen el abandono del debate político, que es la forma en la que las sociedades modernas resuelven sus problemas. Aún con imperfecciones, sigue siendo la única forma posible para vivir en paz. Mientras desde algunos sectores se intenta deslegitimar a la política, la historia demuestra que su falta sólo acarrea caos y violencia.