El valor de la política

Editorial

La pandemia global puso los problemas estructurales del país en estado de ebullición. Los votantes, quienes eligen quién gobierna y por ende qué es prioritario, se encuentran con la política mayoritariamente en los medios y las redes, donde a los referentes muchas veces les cuesta narrar qué es lo que hacen. Los medios de comunicación enfrentan una crisis del periodismo, que reduce a la profesión a un rol secundario en estrategias de lobby. Las redes sociales explotan de reacciones desmedidas, muchas veces alejadas de la realidad e inmersas en un universo propio.

Durante las largas horas que duró la protesta policial, la política tuvo que dedicarse a construir interlocutores sobre un colectivo carente de referentes que tuvo un accionar errático y rudimentariamente organizado. Probablemente esa conjugación haya derivado en las amenazas ocurridas en la residencias del gobernador de la provincia y del presidente de la Nación, hechos que deben ser duramente sancionados.

La política fue capaz de encauzar la revuelta hacia el reclamo legítimo, que es el salarial y de condiciones de trabajo, de otros que no lo son, como la bandera desplegada en Puente 12 pidiendo la libertad de los 9 policías presos que violaron y torturaron en la comisaría de La Tablada. Al mismo tiempo el oficialismo y la oposición pudieron organizarse para proteger la institucionalidad y llevar tranquilidad a la población. Y también, en un mismo acto, abrir un debate más profundo, en el que se enmarcan muchas de las dificultades a enfrentar, como es la distribución de la coparticipación. Y todo eso sin la violencia que se registra en otros países del mundo, que se enfrenta a un escenario complejo que no se termina de revelar.

Este escenario abre una puerta que fortalece la estabilidad democrática, con la consolidación de dirigencias políticas que discutan sobre temas estructurales, alejandose de las operaciones y bombas de humo que no sirven para nada. Es sano que los representantes de los distritos discutan sobre la distribución de los recursos, y que la sociedad participe apuntando cuáles tienen que ser las prioridades.