La jefa del servicio de Nutrición del hospital Simplemente Evita de González Catán, la licenciada Cintia Soriano, habló con MD sobre el aumento de los casos de malnutrición en el sur de La Matanza y aseguró que “en los kilómetros es preocupante el aumento”.

El último índice de pobreza difundido por el INDEC plasma que el 35,4% de la población y el 25,4% de los hogares están por debajo de la línea de la pobreza. En el Conurbano, la indigencia trepó al 8% y grafica la situación social que se vive en los barrios.

“Lo que más veo en la actualidad es mucho sobrepeso y obesidad a raíz de la crisis económica. Eso es lo que más notamos asociado a la situación económica que vivimos, porque los pacientes me comentan sobre eso”, indica Soriano.

El ingesta excesiva de hidratos es uno de los principales motivos que arrastran a esta realidad. Según cuenta la licenciada, los guisos, fideos o arroz son las comidas más comunes que consumen los pacientes con problemas económicos.

“La gente sólo piensa en llenar la panza, en no pasar hambre. Encima, a todo esto, es importante cubrir las cuatro comidas para estar sano pero hay pacientes que saltean comidas, porque lo tienen como hábito o porque directamente no tienen para comprar”, menciona la jefa del servicio de Nutrición del Simplemente Evita.

La pérdida del poder adquisitivo conlleva en que los ciudadanos cambien sus hábitos de consumo no solamente en, por ejemplo, bienes tecnológicos, indumentaria o momentos de ocio, sino también en alimentos básicos que hacen a su nutrición.

“La Matanza es gigante y no es lo mismo el paciente que se viene a atender a Catán o el que va a Ramos Mejía. Con los que tienen menos recursos tenés que estar negociando todo el tiempo para cubrir aunque sea una cuota de carbohidratos; proteínas; una poción de carne, como la paleta que es la más barata; y una grasa que no sea manteca”, señala Soriano.

Y agrega: “a un adulto le corresponden 200 gramos de carne por comida, pero el tema es que tienen que ser cortes magros y esos son los más caros. No lo pueden comprar. El peceto, la bola loma, el cuadrada y el cuadril, que son los cortes magros, cuesta alrededor de $300 el kilo”.

La malnutrición entre los niños, niñas y adolescentes

El Observatorio Social de la UCA publicó un informe que revela que la cobertura alimentaria saltó del 26,9% en 2015 a 40,3% en 2018, sin tener en cuenta la profundización de la crisis en lo que va de este año. Además, 4 de cada 10 jóvenes en el Conurbano experimentan hambre por falta de alimentos.

“La malnutrición puede ser por déficit o por exceso de nutrientes. El déficit de nutrientes te puede generar una desnutrición, y el exceso te genera sobrepeso u obesidad”, puntualiza Soriano. El 37,7% de los niños y niñas del Gran Buenos Aires sufre déficit de nutrientes, según la UCA.

En ese sentido, la licenciada Soriano agrega que “si un niño tiene falta de proteínas hace que no puedan crecer sus músculos, sus tejidos o sus funciones. Si le falta energía, le va a faltar glucosa para su cerebro y va a tener problemas en la escuela y en su desarrollo cognitivo. Además, puede afectarlo si practica deportes”.

En este contexto social, los profesionales remarcan que es vital que un paciente con desnutrición tenga cubiertas su porción diaria de calorías y proteínas para no tener problemas con el funcionamiento de sus órganos.

“Hasta los 5 años la alimentación es básica. Un niño que no está bien nutrido no se recupera más. Si hasta los 2 años no se nutre bien el cerebro, es irreversible. Por eso, los primeros 24 meses es importante aportarle proteína y la grasa, como lácteos, carnes y huevos”, agrega la jefa del servicio de Nutrición del Simplemente Evita.

Los índices se vuelven dramáticos cuando se toma el dato de que el 69,1% de los niños y niñas que asisten a comedores son pobres, el 23,8% viven en villas o asentamientos y su mayoría se concentra en la región oeste del Gran Buenos Aires.

Por este motivo, también se refuerza la asistencia a mujeres embarazadas que pueden llegar a tener problemas de malnutrición para no afectar el desarrollo del bebé, ya que es clave una dieta nutricional apropiada que no lo afecto física, humana o cognitivamente a futuro.

“A una paciente embarazada le tenemos que cubrir todos los nutrientes y sumarle 300 calorías más porque lo implica el propio embarazado. Hay que reforzar el calcio y las proteínas, pero el tema el enseñarles a cubrir eso dependiendo de sus recursos económicos”, aseveró la licenciada.

“Hay mucha información en las redes sociales sobre la nutrición, pero siempre hay que recurrir a un profesional porque circulan cosas falsas. Hay gente que escribe libros, da concejos y no es nutricionista”, remarca Cintia Soriano.

El hecho de desprende del intrusismo profesional que se realiza en redes sociales por personas que no se preparó academicamente para brindar información del área nutricional. “Es algo en lo que se está metiendo el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires porque el paciente siempre tiene que recurrir a un profesional”, agrega la licenciada.

Además, Soriano señala que “hubo un aumento de desnutrición por trastornos alimentarios, y aumentó en el último tiempo. Los trastornos alimentarios son patologías psicológicas y psiquiátricas que tiene consecuencias nutricionales”. Estas enfermedades pueden ser anorexia, bulimia, vigorexia u ortorexia, entre otras.

“Un licenciado en Nutrición puede abordar los casos de manera personalizada, porque cada paciente tiene sus requerimientos. Es algo que solo puede hacer un nutricionista”, concluye Soriano.