Es urgente poner freno a la violencia

El accionar de la policía y de grupos minoritarios que empañaron un reclamo pacífico.

Las lamentables imágenes que se vieron luego de finalizada la movilización por la aparición con vida de Santiago Maldonado desnuda las debilidades políticas del Gobierno y también de la oposición.

Las acciones violentas de algunas organizaciones y el modo de operar de la policía dan pie a una escalada de violencia en las manifestaciones callejeras. Indigna ese final en una marcha que perseguía el objetivo de realizar un pedido por la paz, y leerlo con la lupa de la grieta mediática o electoral sería negar la realidad.

La policía y las tapas de los diarios

Cuesta pensar que el Gobierno organice una represión para modificar la tapa del diario del día después, pero el desarrollo de las acciones no deja mucho margen para pensar otra cosa. Había una importante presencia de efectivos de civil, vestidos como manifestantes, orientando al cuerpo de choque en su avance.

Efectivos de la Policía de la Ciudad, encapuchadas y de civil, detienen a una manifestante.
Efectivos de la Policía de la Ciudad, encapuchadas y de civil, detienen a una manifestante.

El dispositivo de seguridad, avalado por una orden judicial, excedió su función. Si la estrategia es deslegitimar una marcha pacífica que pidió la renuncia de la ministra de seguridad Patricia Bullrich, el costo que paga el Gobierno es muy alto: la historia demuestra que cuando las fuerzas de seguridad, la violencia escala y la crisis política se profundiza.

Preocupa también la detención de cuatros reporteros gráficos, extendida hasta el lunes por el juez a cargo de la causa. El Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) también reportó que cronistas de Canal 13/TN y la TV Pública resultaron afectados por el gas pimienta.

La responsabilidad de las organizaciones

Los incidentes comenzaron en dos puntos distintos y separados entre sí, cuando la movilización había terminado. El ataque a la mutual de la Gendarmería pareció perpetrado por un grupo comando con una estética anarquista y banderas negras sin inscripciones. Duró menos de cinco minutos. Por otro lado, otro grupo de encapuchados avanzó sobre el vallado de Plaza de Mayo. Ambas acciones fueron al mismo tiempo, y dieron pie a lo que vino después.

Las organizaciones políticas y sociales deben realizar un llamado a la paz, repudiar públicamente la violencia y esforzarse en cuidar las manifestaciones, aislando a grupos que propongan violencia como metodología. Más aún si entienden que servicios de inteligencia filtran sus columnas para incitar los desmanes: es necesario que extremen sus medidas de seguridad en las marchas.

Más temprano, el periodista Julio Bazán fue agredido verbalmente por algunos manifestantes, una actitud repudiable. El veterano cronista explicaba que la agrupación Quebracho había disputado una interna a los golpes en plena manifestación. El ex líder de esa organización señaló haber sido apuñalado por sus antiguos compañeros. Estos grupos, que no representan a nadie, deben ser puestos en evidencia, porque las víctimas siempre caen del mismo lado.