(Foto: Télam)

El grupo extremista Estado Islámico (EI) reivindicó como propio el ataque en el boliche de gay de Orlando, perpetrado por un joven estadounidense con un arma automática. El atacante asesinó a 50 personas, e hirió a otras tantas. El repudio y la condena unificó a la comunidad LGTB y musulmana de Estados Unidos, a los dos principales candidatos presidenciales, Hillary Clinton y Donald Trump, a gobiernos de los cinco continentes, la ONU y el Vaticano.

El atacante, que murió en un tiroteo con la policía dentro del boliche, fue identificado por varios medios locales como Omar Saddiqui Mateen, un ciudadano estadounidense de 29 años, de padres afganos y residente de la ciudad de Port St Lucie, en el estado de Florida, ubicada a poco más de 200 kilómetros de Orlando. Según el FBI Mateen llamó al 911 antes del tiroteo y durante la llamada, juró lealtad “al líder del Estado Islámico”, mencionó a los dos jóvenes que pusieron una bomba en la recta final del maratón de Boston en 2013 y al primer miliciano estadounidense que se inmoló en Siria, Moner Mohammad Abusalha, un ciudadano oriundo de Florida.

Poco después, el propio EI reivindicó la autoría de la matanza e identificó a Mateen como uno de los suyos en un comunicado difundido por la agencia de noticias Amaq, vinculada a la milicia extremista y reproducido por el sitio web especializado SITE.

Por no tener antecedentes, Mateen pudo comprar un fusil de asalto, con el que se tiroteó primero con la policía y, luego de irrumpir en el boliche Pulse, acribilló a decenas de jóvenes. Después tomó rehenes y se atrincheró en el baño del boliche. El jefe de la policía local, John Mina, explicó ante la prensa que alrededor de las 5 de la madrugada la policía consiguió liberar a los rehenes, mató al atacante y realizó una explosión controlada sobre un “artefacto” que llevaba encima el atacante. Aún no está claro si se trataba de una bomba.
En total, 50 personas fallecieron, además de Mateen, y otras 53 resultaron heridas, muchas de ellas siguen internadas con cuadros graves.

El presidente norteamericano Barack Obama, además de calificar al ataque como “un acto de terror y odio”, lo vinculó con su frustrado intento de regular la venta de armas en Estados Unidos. “Es otra prueba que nos recuerda lo fácil que es para una persona conseguir un arma y atacar en un cine, una escuela o un boliche. Tenemos que decidir qué tipo de país queremos ser”, dijo.