Foto: Rodrigo Buendia (AFP)

Ecuador vive la crisis política y social más importante de sus últimos años. Miles de personas se movilizan contra las medidas de ajuste que impulsa el presidente Lenín Moreno, en el marco de las reformas que le pide el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener acceso a los créditos del organismo.

La gota que rebalsó el vaso en los últimos días fue la quita de los subsidios a los combustibles. Al grito de “¡Fuera Moreno!” cientos de manifestantes se movilizaron por las calles reclamando el fin del ajuste. Las protestas fueron recrudeciendo y ayer un grupo de manifestantes tomó el Congreso, lo que motivó que Moreno decidiera trasladar temporalmente la capital de Quito a Guayaquil, y el anuncio del toque de queda en el horario de 20 a 5 en edificios públicos.

Las protestas y los paros son encabezados por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), la principal central sindical del país, que reclaman por un adelanto de las elecciones. Se registran protestas, bloqueos de vías y calles, intentos de saqueos y choques violentos con efectivos policiales en diferentes provincias del país.

Según cifras oficiales, hasta el martes de esta semana los enfrentamientos dejaban el saldo de un muerto, 73 heridos y 570 detenidos. Quito se encuentra militarizada pero las protestas no ceden y de hecho este miércoles está convocada una masiva movilización por las calles de la capital ecuatoriana.

Desde el gobierno la única respuesta que dieron fue acusar el ex presidente Rafael Correa y al régimen de Nicolás Maduro de detrás de las protestas. “El sátrapa de Maduro ha activado junto con Correa su plan de desestabilización”, dijo el presidente en un mensaje, rodeado del alto mando militar. La acusación fue rechazada por Correa, quien se encuentra viviendo en Bélgica debido a que en Ecuador enfrenta diversos procesos judiciales por corrupción, denuncias que asegura que forman parte de una persecución política por parte de Moreno.

Por el momento, el presidente ecuatoriano logró el apoyo de un grupo de países latinoamericanos, encabezados por los gobiernos de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. Junto a países del Grupo de Lima y de la OEA, se sumaron al planteo de Moreno y denunciaron que Nicolás Maduro está detrás de un intento de golpe de Estado contra el presidente.

El camino de Lenín Moreno

Ecuador cambió radicalmente en los últimos dos años. En 2017 Lenín Moreno llegó al gobierno con el apoyo del presidente saliente, Rafael Correa, mandatario progresista de quien fue su vicepresidente. Una vez en el gobierno, Moreno dio un cambio radical e hizo todo lo contrario a lo que prometió.

El presidente avanzó en reformas de corte liberal como la reducción del gasto público, la liberalización del comercio y la flexibilidad del código laboral, poniéndole fin a las políticas redistribucionistas que impulsó Correa.

Moreno también volvió a abrir el ciclo de crecimiento de la deuda externa, que Correa intentó cerrar. Endeudó rápidamente al país y la falta de dólares hizo que en 2019 Ecuador volviera a solicitar un acuerdo con el FMI, organismo que comenzó a reclamarle que avance en el ajuste estructural de la economía para poder acceder al crédito. De hecho, el último aumento de combustibles fue un requisito para poder obtener créditos por 4.209 millones de dólares.

A nivel político, los destinos de Ecuador tienen gran similitud con la Argentina. Moreno se enfrentó a Correa, quien comenzó a denunciar el paquete de medidas de ajuste que aplicó sobre el pueblo. La justicia comenzó a avanzar sobre el ex mandatario, a quien se le abrieron diversas causa por corrupción.

Correa tuvo incluso tuvo su propia “causa de los cuadernos”: una ex asesora detalló supuestos pagos ilegales de empresas multinacionales a altos funcionarios de su gobierno. Finalmente la justicia descubrió que las pruebas eran faltas y la autora se desdijo ante los tribunales.

El ex presidente siempre declaró que se trató de una “persecución política” en su contra por parte de Moreno. Pero terminó yéndose a vivir en Bélgica, ya que enfrenta una orden de captura en Ecuador. Desde ahí intenta constituirse en el líder de la oposición.