por Alejandro Enrique
Investigador-Historiador
IPHC-LM

El año pasado se celebraron los primeros 30 años de la aprobación de la ley 23.748 por la cual se creó la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Por otra parte, en 2021 se cumplirán tres décadas desde el momento en que esta casa de altos estudios de nuestro distrito comenzara a dictar las primeras cátedras de educación en el nivel superior. Es un buen momento para refrescar algunos datos de esta parte de la historia reciente de nuestro distrito, pero a la vez para aportar más información producto del hallazgo de documentación que había quedado en el olvido y que ahora incorpora una nueva narrativa a los acontecimientos oficiales.

Recordemos que la idea de una sede matancera para estudios superiores es algo que surgió originalmente durante los primeros dos gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955). Dentro del proyecto integral que suponía Ciudad Evita, que no se agotaba sólo en un plan de viviendas, estaba planificado también un Centro Recreativo, una Ciudad Deportiva, un Parque Sanitario, pero también una Universidad Obrera. De todo eso sólo llegó a construirse el edificio del Parque Sanitario Nacional (actualmente utilizado por la Escuela de Arte Leopoldo Marechal) y el de la Universidad Obrera; hoy funciona allí la Escuela de Gendarmería Nacional “Martín Miguel de Güemes”.Debieron pasar más de treinta años hasta que nuevamente se empezara a pensar en la creación de una universidad en La Matanza para los miles de estudiantes que se veían obligados a viajar a Morón, Lomas de Zamora o a la Ciudad de Buenos Aires para cursar sus carreras.

Cuando se confirmó la reapertura democrática de octubre de 1983, el candidato a intendente por el peronismo, Federico Russo, propuso a sus votantes la necesidad de crear una Universidad en La Matanza. Los resultados de aquellas elecciones le dieron el triunfo al radicalismo en los niveles nacional y provincial, pero en nuestro distrito Russo se aseguró el triunfo y a los pocos meses de gestión hizo realidad su promesa.
Fue un concejal del bloque Justicialista quien había llevado la idea a Russo. Se trataba de Néstor Barissoni, quien desde su banca ingresó el proyecto al Honorable Concejo Deliberante de La Matanza el 2 de julio de 1984. Esta fecha es verdaderamente significativa pues se trata del primer envión para la realización de un sueño que miles de estudiantes forjaron desde sus inicios. Una utopía que tardó siete años en materializarse. En el articulado de aquel proyecto de resolución se facultaba a las autoridades municipales para realizar las gestiones ante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín para la instalación de una universidad nacional en La Matanza y se proponía como lugar prioritario unas tierras ubicadas en Isidro Casanova en “Avda. Provincias Unidas y San Petersburgo” (hoy avenida Brigadier General Juan Manuel de Rosas y José Ignacio Rucci). El lugar no era otro que el edificio construido por Perón en 1955 para el interrumpido Parque Sanitario Nacional. En verdad, en la mente del concejal Barissoni estaba la idea de crear algo más abarcativo que sólo una universidad para La Matanza y por eso originalmente el proyecto contemplaba la “Universidad del Oeste”.

Concejal Néstor Barissoni

Durmiendo en un cajón

Sin mucho eco, aquel pedido fue elevado a las autoridades nacionales. Para fines de ese año 1984 el director nacional de Asuntos Universitarios, Hugo Storani, contestó lacónicamente que se iba a conformar una “comisión especial” para la evaluación técnica del proyecto. “El estudio mencionado permitirá definir la política a seguir”, decía la nota enviada por Storani. Como era de esperar, en junio del año siguiente el proyecto seguía durmiendo en un cajón del Ministerio de Educación nacional.
Anta la desidia del gobierno de Alfonsín, desde La Matanza se optó por darle un nuevo empujón al proyecto y para eso Federico Russo le pidió al diputado nacional Alberto Medina que el tema tome estado parlamentario. Es así que la idea de crear una Universidad Nacional en nuestro distrito ingresó al Congreso Nacional.
En marzo de 1986 ingresó ese proyecto de ley de la mano del diputado Medina, oriundo de Gregorio de Laferrere, lo que fue un jalón más en pos del objetivo. En los fundamentos se argumentaba que cerca de 2.700 alumnos del distrito concurrían a la Universidad de Buenos Aires (UBA) para cursar el Ciclo Básico Común (CBC). Por primera vez el parlamento de la Nación tenía en sus entrañas un proyecto de Ley concreto para la creación de la universidad.

Para entonces se realizaban en La Matanza campañas en los establecimientos de educación secundaria para la adhesión a la idea de la universidad matancera. Cerca de 6.000 alumnos hicieron un encuentro en el estadio de Almirante Brown reclamando que el proyecto avance. Ante la negativa del gobierno radical, un grupo de dirigentes universitarios, docentes y profesionales deciden realizar negociaciones con la Universidad de Lomas de Zamora para abrir una subsede de la facultad de Ciencias Económicas. En 1987 esa subsede universitaria comenzó a funcionar en un edificio ubicado sobre la Ruta 3 en Isidro Casanova.
Según uno de los promotores de aquella experiencia, el contador Victor Gil, entre 1988 y 1989 cerca de 20 docentes dieron clases a un millar de alumnos. Entre los docentes se encontraba Daniel Martínez, actual rector de la UNLaM. Pero esa subsede dejó de existir cuando en 1989 el presidente de la Cámara de diputados, Alberto Reynaldo Pierri (PJ) presentó un proyecto propio creando mediante la ley 23.748 la Universidad de La Matanza. Aunque a pesar de tener ley, la puesta en marcha no fue sencilla porque recién en julio del año siguiente se nombraría al rector normalizador que iba a poner en funciones la casa de altos estudios.
Es que Pierri quería ser el mandamás político de La Matanza y para eso debía correr del medio al intendente Russo. En 1991 debían elegirse autoridades municipales y la creación de la universidad era su carta de presentación para ello. Arrebatarle el “padrinazgo” del proyecto a Federico Russo era el primer paso e inaugurar la universidad sería el siguiente.

Finalmente el 4 de julio de 1990 en la Casa de la Cultura de Ramos Mejía se presentó oficialmente la nueva universidad con la presencia del ministro de Educación de la nación, Antonio Salonia, de Alberto Pierri como autor de la ley, del ingeniero Mario Pinelli como rector normalizador y del concejal Héctor Cozzi (delfín pierrista que un año más tarde iba a reemplazar al intendente Russo). Aquel acto fue muy cuestionado porque casi a un año de aprobarse la ley, universidad matancera seguía siendo un sueño y nadie sabía cuál iba a ser su sede. “Con Bombos y Platillos, pero sin sede ni alumnos” titulaba el periódico local La Comunidad. Barissoni, autor del proyecto original, se sintió tocado por la jugada y salió a criticar a Pierri: “al pueblo no se le puede mentir y es por eso que tengo la obligación de aclarar que la iniciativa de crear la Universidad de La Matanza fue del gobierno municipal”.

Finalmente hay que marcar que los cursos se iniciaron en abril de 1991 en tres carreras para una matrícula inicial de 1.200 alumnos. Al no tener edificio propio las cursadas tuvieron que realizarse en las escuelas N°27 y N°51 de San Justo. Pero el gran salto se dio cuando a fines de ese año se hizo entrega de las más de 30 hectáreas donde había funcionado la automotriz Chrysler para instalar allí la sede definitiva de la UNLaM.
Por último, vale agregar que en 2019 fueron cerca de 55.000 los estudiantes cursaron diferentes carreras, tal vez sin saber que esos claustros son producto de la una larga historia de luchas.

Antigua Chrysler