Christian Moreno junto a la comunidad de La Justina (Foto: Lucas Sosa)

La historia de Christian Moreno no es algo que se vea con frecuencia. Un joven futbolista que llegó a la primera de Boca Juniors luego de muchos años de esfuerzo y, lejos de creérsela o cambiar su estilo de vida, tomó la decisión junto a su familia de abrir un comedor en el club de su barrio para ayudar a los más chicos a afrontar las dificultades de una realidad que golpea día a día. La iniciativa de Christian de querer colaborar con su gente dio lugar a que ayer abra sus puertas por primera vez el comedor comunitario La Justina en Villa Constructora, San Justo.

No la tuvo fácil el joven defensor en su camino hacia la primera de Boca, que hizo la mayor parte de las inferiores mientras trabajaba en lo que podía, en un lavadero, vendiendo frutillas en una feria o ayudando a su padre metalúrgico. “Los domingos a las 5 de la mañana armaba el puesto en la feria del KM 28 sobre la calle Calderón de la Barca (hoy Int. Federico Pedro Russo) y vendía cajones de frutillas que me conseguía mi tío del Mercado Central, también aprendí el oficio de metalúrgico ayudando a mi viejo a cortar cortinas metálicas” recuerda en diálogo con Matanza Digital el joven futbolista, que habla en voz baja pero firme.

“Sería fácil ir a pedirle ayuda al Cata o a Tévez, que te van a dar una mano, pero la idea es comprometer a la gente”

El comedor es llevado adelante no sólo gracias a Christian, sino a la colaboración de sus padres, sus tíos, su novia y amigos. Todos coinciden en marcar que la iniciativa es “a pulmón” y es un valor que resaltan. “Sería fácil ir a pedirle ayuda al Cata o a Tévez, que te van a dar una mano, pero la idea es comprometer a la gente de afuera y del barrio y laburar entre todos, porque se puede, entre lo que ayude cada uno del barrio, si colabora el municipio, porque nosotros estamos comprometidos para dar una mano en serio”, cuenta Christian. Y agrega: “La mejor manera es trabajar desde abajo, con humildad, sacrificio, con la voluntad de cada uno, tirando todos para el mismo lado, porque lo que llega fácil se va fácil”.

Viviana, madre de Christian, cuenta que “hay muchas escuelas que no tienen comedor y hay chicos que van a la escuela sin comer”. Pero no sólo concurren niños, sino que el comedor está abierto a la comunidad y, si bien la idea inicial era arrancar sólo los miércoles, todos están trabajando para sostenerlo de lunes a viernes. “La necesidad es tanta que lo tenemos que hacer todos los días porque los chicos vienen a preguntar”, explica Ruth, una de las principales colaboradoras, pese a que se encuentra desocupada.

Otro de los impulsores de la idea es “Chapu”, tío de Christian, que señala que “la situación está jodida” y que “acá los aumentos en las tarifas afectaron mucho”. El proceso para conseguir la mercadería es una de las mayores dificultades que afronta día a día el comedor. “Hoy nos donaron harina y mañana vamos a hacer pizzas, vamos a comprar una horma de queso, entonces para mañana tenemos, pero para el lunes no”, explica Chapu. “Vamos a las panaderías del barrio a hablar, a los distintos comercios, para conseguir donaciones”, completa Ruth.

El comedor comunitario ya está en marcha y es el primer objetivo que se trazaron desde el club, pero proyectan mucho más y el gran sueño es poder techar la cancha de baby. “Está sin techo desde que yo vengo, cuando tenía 3 años. Hoy en día cuando llueve los chicos se quedan sin jugar, es algo que a mí me pasó y es feo. Yo salí de acá, vivo a la vuelta y soy del barrio, hay muchas cosas por hacer pero no da el bolsillo de cada uno”, relata Christian.

Las necesidades son varias y toda ayuda es bienvenida. El pedido a la comunidad de La Justina abarca desde la mercadería para cocinar a los chicos, los elementos de cocina (ollas, garrafas, cocina, utensilios) como las chapas para concretar el sueño de techar la cancha.

Para cualquier tipo de colaboración se los puede contactar vía telefónica a los siguientes números: 011 15 6286 3417 (Ruth Galarza) o 011 15 3261 6702 (Yésica Frutos).