La mayoría de las familias afectadas por el temporal ya se encuentran en sus hogares y se disponen a reorganizar sus vidas. Volver a casa implica arreglar todo lo afectado por la inundación, secar ropa, frazadas, colchones y probar el estado de los electrodomésticos. El proceso es acompañado por el Estado local y organizaciones sociales que colaboran para que las familias salgan adelante. Matanza Digital acompañó una jornada militante en barrio Esperanza de Virrey del Pino, donde fue testigo del rol que cumplen las organizaciones políticas en los barrios.

Entre el viernes y el sábado de la segunda semana de octubre llovieron unos 250 milímetros en La Matanza. La misma cantidad de agua que llueve en todo el mes cayó en sólo unas pocas horas. Las consecuencias son conocidas por todos: los barrios que bordean la cara Oeste del río Matanza quedaron tapados por el agua. 

El municipio calculó que por lo menos 20 mil personas fueron afectadas, tanto por la inundación de sus casas como por la anegación de las calles en donde viven. De ese total, unas 5 mil fueron evacuadas en alrededor de 20 centros de asistencia montados sobre escuelas públicas distritales. El resto tuvo que esperar la asistencia que brindó el municipio, a través del Comité de Crisis local, junto organizaciones sociales barriales y a organismos provinciales, Defensa Civil, Bomberos, Gendarmería y el Ejército. 

Cuando el temporal cesó, el agua comenzó a bajar y las familias pudieron comenzar a rearmar sus domicilios. Esta tarea incluye desinfectar las áreas donde llegó a entrar el agua (mezcla de lluvia, fluidos cloacales y río), secar todos los objetos húmedos y testear los electrodomésticos alcanzados por la inundación. La tarea es acompañada por el Estado local y por organizaciones sociales, quienes acercan donaciones que fueron juntando en estos días. 

MD estuvo presente en el barrio Esperanza de Virrey del Pino, uno de los más castigados por las inundaciones, donde presenció una jornada militante en la que se asistió a vecinos damnificados por el desborde del río Matanza. 

Pasadas las 10 de la mañana del sábado, unos 40 militantes de La Cámpora llegaron al merendero comunitario que coordina Nilda Gamarra, una mujer que desde hace dos décadas habita en el barrio que se ubica en el kilómetro 38 de la Ruta Nacional N° 3. 

El merendero se encuentra en la intersección de las calles Miguel Servet y Fidias, aproximadamente a 100 metros del Río Matanza. Es un barrio de gente humilde, que vive en casas construidas con materiales a la vista. Las calles son de tierra y se encuentran rodeadas por zanjas que ocupan el lugar de las inexistentes cloacas. 

“Hasta hoy no podíamos entrar acá. Estuvimos en la casa que facilitó un vecino, dejando las cosas y repartiendo desde ahí”, explicó a este medio Julio Prisini, militante de la organización política en Virrey del Pino. Según comentó, hace dos años que la agrupación trabaja en la zona junto al comedor.

“Estuvimos en los trabajos de evacuación circulando con la gente de Defensa Civil, que tenían los botes. Como nosotros conocíamos los lugares más necesitados, con familias más numerosas o en peor situación, estuvimos con los compañeros con el agua hasta el cuello colaborando, llevándoles provisiones a los vecinos. Evacuamos bastantes personas también”, narró Prisini.

Las organizaciones políticas realizan una tarea indispensable para que los recursos del Estado, lleguen a las familias que más necesitan en el momento de emergencia: son quienes más conocen el territorio y facilitan el despliegue de los organismos en el barrio, permitiendo priorizar a aquellos que tienen más necesidad. 

El militante aseguró que se “trabajó muy bien” con las tareas que organizó la municipalidad y que la actuación en barrio Esperanza fue rápida. “Se movieron muy rápido, hubo muchos refuerzos. Nosotros estábamos en la parte de descarga y le llevábamos a los vecinos. Ahora estamos con ellos repartiendo artículos de limpieza”, añadió. El buen clima acompañó la rápida normalización del barrio, la jornada solidaria se llevó a cabo en un día primaveral, con altas temperaturas y un sol que rajaba la tierra. 

Todos los vecinos coincidieron en describir a la inundación como la más importante de los últimos tiempos. “Fue una de las más importantes, superó en unos 50 o 70 cm las inundaciones de otros años”, aseveró Ariel Centurión, albañil y vecino del barrio desde hace 15 años. 

No sorprende que la magnitud de una inundación se mida en centímetros, en un barrio donde la mayoría de las construcciones se realizaron varios metros hacia arriba, en algunos casos con primeros pisos, para que las familias pudieran resguardarse en caso de que rebalse el río. Sin embargo, en esta última oportunidad no hubo previsión que alcanzara y la mayoría de los vecinos sufrieron daños en sus casas. 

“El agua nos llegaba hasta el hombro. Perdí la heladera, una cocina, el lavarropas. Las camas y los colchones quedaron todos mojados. Tenía 1 metro (de agua) dentro de la casa y 1,50 en la calle”, añadió Centurión. El barrio entero era una postal del daño que causó el temporal. Si bien las calles dejaron de estar anegadas, el paisaje se encontraba plagado de bolsas y elementos personales desparramados por doquier, tenders ocupados en su totalidad y colchones a la vista secándose en el sol. 

Las obras de infraestructura necesarias para evitar las inundaciones fueron un tema que se instaló en la agenda mediática. La situación motivó el cruce entre gobiernos: la intendenta Verónica Magario reclamó por el congelamiento de obras provinciales y nacionales para aliviar la cuenca Matanza-Riachuelo. Desde la provincia respondieron, a través de la voz de Alejandro Finocchiaro, que fue la propia Magario quien descuidó la realización de un plan de obras aliviador. 

La polémica escapa el interés de los vecinos, quienes esperan que se lleven a cabo tareas para evitar que el agua llegue hasta el interior de sus casas. “Acá lo que se necesita es una obra hidráulica como hicieron en Capital Federal, cloacas de un metro y veinte centímetros de ancho”, opinó Centurión. 

“Vecino, ¿necesita ropa?”, la pregunta de los militantes resonó en casas ubicadas a cinco cuadras a la redonda del merendero. El mensaje iba acompañado de una invitación a la olla popular que se encontraba cocinando Nilda. Durante la recorrida también se informaba que en el merendero se repartía la lavandina y el agua que consiguió la organización.

El edificio del merendero no llega a dos años. Se terminó de construir cuando la organización kirchnerista empezó a trabajar junto a Nilda en el barrio. Oriunda de Paraguay, Nilda Gamarra es una de las personas que más conoce el barrio. “Antes no había nadie acá, no estaba ninguna de estas casas”, afirmó, señalando una hilera de casitas de material. De lunes a viernes, el comedor organiza la copa de leche para unos 35 chicos de la zona. “A veces vienen 40 chicos. Depende del día”, aseguró Gamarra. 

Tras hablar un poco sobre su historia y su llegada a la Argentina, la mujer se refirió a Cristina Fernández de Kirchner, a quien conoció mientras era presidenta. Según explicó, en 2015, realizando un trámite en Anses para la pensión por discapacidad de su hija menor, fue incluida por trabajadores del organismo en un grupo de personas que visitó Casa Rosada, donde conoció a la ex mandataria. Allí le entregaron la silla de ruedas que actualmente usa su hija. 

“A mí me gusta Cristina porque no es que me dijeron ‘andá, ponete esta banderita y decí que te dio’. Me dio todo, y no solamente a mí, a mucha gente también le dio sin que les diga ‘usa mi bandera’. Por eso estoy con ella”, explicó.

La recorrida por las casas terminó justo para la hora de la comida, cercanas las 15. “Vengan, a comer”, convocó Nilda, mientras se repartían los platos. 

*Nota publicada en el impreso de Matanza Digital.