La gente de la sociedad post-fáctica

La información y los hechos en la era de las redes sociales y la comunicación constante.

Hace unos días, la columnista del diario norteamericano The Washington Post, Anne Applebaum, publicó una columna sobre el chequeo de información en la era de la informática.

La inquietud surge a propósito de la controvertida campaña presidencial de Donald Trump, quien, según la autora, “miente repetidamente y es chequeado repetidamente, sin señales de impacto ni en su comportamiento ni en el de sus votantes”. Poniendo el eje sobre las iniciativas de chequeo de información (cita el caso argentino de Chequeado, que es una gran fuente de datos), Applebaum concluye que las personas “sólo consideran aquellos hechos que confirman sus opiniones preexistentes y desecha aquellos que no”.

“las personas sólo consideran aquellos hechos que confirman sus opiniones preexistentes y desecha aquellos que no” (Anne Applebaum)

Extendiendo la lecura, las personas se informan con medios de comunicación que refuerzan esas ideas. Y esos medios de comunicación apelan a la opinión de “la gente” para sostener lo que dicen: un sujeto indefinido, que es básicamente construido por el mismo editor que selecciona las opinones que pone al aire. Se produce así una parábola discursiva en la que los medios dicen “lo que piensa la gente” que ellos mismos construyen, y que son consumidos por otra gente que, de todas formas, estaba de acuerdo. Un diálogo tan monótono como inútil, que explicaría el éxito de programas como Intratables, donde todos gritan y nadie escucha.

Esta misma lógica se reproduce en las redes sociales, que se presentan como ámbito de plena libertad de expresión donde la información se encuentra al alcance de la mano, pero que provocan precisamente lo contrario. En cualquier red social, los usuarios se conectan con referentes, amigos y followers reales o ficticios (o incluso los afamados “bots” del Gobierno) que justifican lo que ya pensaban. Lo trágico del asunto, desde esta perspectiva, es que una y otra vez eligirán aquellos hechos que le den la razón, sin importar si son reales o no.

Podemos afirmar, no sin preocupación, que nuestro plano retórico ha sido derrocado y reemplazado por el benébolo general Twitter. Todos amamos a Twitter, y a su glorioso régimen. Con amor, niñita.