La Matanza atraviesa una de las inundaciones más importantes de los últimos años. Muchos barrios todavía continúan afectados por la anegación de calles y los daños que causó el desborde de las cuencas fluviales que atraviesan el distrito. Tal como ocurre en todas las inundaciones, las localidades más afectadas son Gregorio de Laferrere, González Catán y Virrey del Pino.

En estas localidades existe una compleja historia de creación de barrios populares que queda fuera de la narración porteñocéntrica de la realidad que viven los habitantes matanceros, y el consecuente uso político que conlleva la denuncia unidireccional (aunque legítima) de falta de obras de infraestructura que eviten que miles de familias tengan que ser evacuadas y pierdan todo cada vez que pasa una tormenta fuerte.

Ubicada al sur de distrito, Virrey del Pino es hoy la localidad matancera en la que se divisan mayores contrastes sociales, con sus countries, clubes de campo y golf, sus campos e industrias contaminantes, y las villas y asentamientos que emergieron en las últimas décadas.

Gran parte de los barrios inundados se poblaron en medio de la crisis habitacional las últimas décadas. Son zonas inundables, de humedales, que naturalmente se llenan de agua cada vez que el Río Matanza sube. En muchos casos, se poblaron con familias vulnerables que fueron expulsadas de otros lugares. La inexistencia de una política de planificación urbana y de acceso a viviendas son el telón de fondo de una problemática que no es simplemente reductible a la no concreción de obras fluviales de los últimos años.

Esta es la historia de algunos de sus barrios, que se reconstruyeron a partir del trabajo del periodista e investigador histórico Alejandro Enrique publicado en 2016 “Historia de Virrey del Pino. Los orígenes de La Matanza”. Enrique dirige el Instituto del Patrimonio Histórico y Cultural de La Matanza y semanalmente publica una columna en este medio.

De balnearios para la clase media a barrios inundados 

El río y los arroyos no fueron siempre un problema. Virrey del Pino era la localidad predilecta a mediados del siglo pasado para que habitantes -fundamentalmente de Capital Federal- descansaran los fines de semana y disfruten de sus balnearios. Barrio Esperanza y Los Álamos fueron tres proyectos urbanísticos pensados en esta clave. Pero su destino fue otro.

Barrio Esperanza

Cuenta Enrique: “La explosión poblacional del Barrio Esperanza ocurrió en los años ’80 hasta convertirla, hoy, en uno de los conglomerados demográficos de mayor densidad en La Matanza (se calcula que en la planta urbana existen cerca de 7.000 lotes con una población estimada de 60 mil habitantes). […] El incremento de la población de la década del 80 se profundizó notablemente durante la década siguiente, período en el cual comenzó una nueva modalidad de hacerse de lotes y tierra con forma masiva”.

“La toma de terrenos fue un modus operandi que comenzó a repetirse. Usurpaciones no sólo de lotes que no tenían dueños, sino también de los espacios fiscales como plazas y parques públicos que estaban en el proyecto original del barrio pero hoy desaparecieron. De las trece plazoletas y de las dos plazas, cerca de la mitad fueron ocupadas primero por viviendas y después por escuelas y clubes”, agrega.

Los Álamos

Este barrio es siempre uno de los más castigados por la lluvia, ya que se ubica dentro de una especie de “península”, que forman el arroyo Morales y el río Matanza. “La zona es un gran humedal que vive sujeta a continuas inundaciones”, explica Enrique, pero eso no impidió que sea densamente poblado y que se construyan casillas hasta pocos metros del río.

En el siglo pasado fue un gran balneario municipal al que llegaban visitantes desde Capital Federal y donde se instalaron chalets para pasar el fin de semana. Pero en 1960 con la instalación de los frigoríficos y las industrias que comenzaron a contaminar el agua, y frente a las reiteradas inundaciones fue deshabitado. Transcurridos el tiempo, en los 80 y los 90 comienzan las ocupaciones de las casas que habían sido abandonadas.

Según Enrique: “Usurpaciones temporarias que duraban hasta la siguiente inundación (entre 1982 y 1984 hubo ocho inundaciones de grande dimensiones), aunque en cada nuevo éxodo los ocupantes se iban llevando parte de las casas. Con este método desaparecieron viviendas completas, hablan de 30 casas, ni los ladrillos de 1950 quedaron”.

“Pero en 2005 Los Álamos vivió una resurección. La recuperación económica y la necesidad de vivienda propia por parte de los nuevos trabajadores llevó a que muchas familias llegaran al barrio para cumplir aquello”. Hoy son miles los afectados por el agua en el barrio.

Los barrios de los sin techo y los expulsados

En los barrios inundados vive fundamentalmente gente vulnerable, que ocupó el lugar que encontró para poder llevar su vida adelante. La falta de planificación urbana y de programas masivos de vivienda viene desde hace décadas, pero es importante saber que muchos barrios que hoy están inundados se crearon hace relativamente poco.

El “problema de las inundaciones” surge como consecuencia de años de marginación de vastos sectores de la población y no sólo de una mala gestión oficial coyuntural. En muchos casos, el Estado incluso favoreció el traslado de la población que era expulsada a otras zonas y que terminó instalándose en lugares inundables.

Nicole

El barrio Nicole, “ni cole ni colectivo” como popularmente se lo conoce, se creó a partir de una toma de tierras que hubo en 1997 en Ciudad Evita. Medio centenar de familias acamparon durante días hasta que las autoridades provinciales los convencieron que se instalaran en unos campos ubicados en el kilómetro 35 de la ruta 3. A la semana, se sumaron otras 40 familias que habían realizado una toma en Villa Fiorito.

“El gobierno transportó a los pobladores en colectivos junto con sus pocas pertenencias a Virrey del Pino”, comenta Enrique. Las familias fueron dejadas en un descampado “en el que apenas merodeaban vacas, caballos y ovejas de una granja cercana”, asignándosele a cada uno un número de lote. Eran humedales absolutamente anegadizos, ubicados a pocos metros del relleno sanitario de la CEAMSE que ya estaba desbordado. El asfalto y la instalación de servicios se consiguió con la lucha de sus habitantes, que no se ahondará en esta nota.

Su crecimiento demográfico en el último tiempo fue muy importante: “para el año 2003 el Barrio Nicole contaba con una población de 2.000 personas, que se iba a duplicar en el 2013; en la actualidad se estima que son 5.000 los habitantes del barrio”.

San Javier

El barrio está ubicado en el kilómetro 37.700 de ruta 3. Lo que en los 80’s era un campo de deportes para los vecinos de Virrey del Pino, en los noventa se convirtió en un asentamiento. La crisis habitacional de esa década motivó que 1.520 familias ocuparan las 68 hectáreas del predio deportivo.

“Durante esos años tomó notoriedad pública el desalojo de 132 familias que habían ocupado las antiguas Bodegas Giol de Palermo. El gobierno de entonces decidió localizarlas en Virrey del Pino”, comenta Enrique.

La parcela fue vendida por el Estado a estas familias a un costo de 180.000 pesos que se pagaron con facilidades. La resistencia de los vecinos agrupados en “Vecinos Autoconvocados de Virrey del Pino” y del municipio no impidió que el gobierno avanzara en su instalación.

La Foresta

Barrio que nació a mediados de la década del ’50, donde se instaló la primer fábrica de chacinados La Foresta y lugar donde hoy sigue funcionando el frigorífico que lleva el mismo nombre. El barrio comenzó a poblarse progresivamente. Durante la dictadura, se instalaron familias que habían sido desalojadas durante la autopista porteña. El gran crecimiento poblaciones se dio en los años 90, completando casi en su totalidad la planta urbana de La Foresta.

Parque Leloir de Quiroga

Se ubica en el kilómetro 39 de ruta 3. A fines de los 60 empezó se promocionó el lugar y en 1968 nació el barrio. Apuntaba a un segmento social medio y alto, para ser un barrio de residencias de fin de semana para disfrutar de la naturaleza. Según Enrique: “Entre los años 70 y 80 la población no creció y los vecinos se conocían entre todos […] Todo cambio con la crisis de vivienda que se experimentaba en el país”.

El autor recupera el testimonio de una vecina que vivía en la zona, Azucena Villanueva: “Después de varios años recién se comenzó a ver el crecimiento del barrio. En la década del 90’s vinieron muchos vecinos que eran relocalizados desde la Capital Federal”.