La mano dura: un relato tribunero que no resuelve el problema de la inseguridad

Menores e inmigrantes: la política criminal del Gobierno es publicitaria y deja afuera a la mayoría de los delincuentes, que son adultos y argentinos.

Los momentos de crisis económica están acompañados por aumentos en los índices de criminalidad. El ajuste que impulsa el Gobierno limita el alcance del Estado para brindar la seguridad que reclama la sociedad.

Esa seguridad se construye con varios aspectos de índole política. El primero es la distribución económica: las sociedades desiguales son más violentas que aquellas que son igualitarias. El segundo es el abordaje de la criminalidad: qué se hace con los delincuentes.

Las reformas propuestas por el Gobierno en cuanto a la baja de imputabilidad y al endurecimiento de penas a extranjeros están más relacionadas a la propaganda electoral que a las soluciones de fondo. Son una respuesta ideológica a un sector de la sociedad preocupado por la inseguridad, pero que no soluciona nada.

Los datos duros demuestran que los menores y los inmigrantes representan alrededor del 10% de los criminales. Es una forma de mostrar que se hace algo, pero en el fondo no se soluciona nada: el 90% restante del problema siguen siendo adultos argentinos.

Una historia de tribuneo y fracaso

El camino de “la mano dura” es recurrente y uno de esos momentos se dio en 2004. En medio de grandes movilizaciones reclamando por la ola de secuestros exprés que azotaba el área metropolitana, se votó la “Ley Blumberg”, llamada así por Axel Blumberg, quien fue asesinado por una banda de secuestradores.

La legislación fue hecha a las apuradas y a medida de la opinión pública. No fue una respuesta inteligente, sino más bien emocional. Endurecer, sumar o aumentar las penas no asustó a los criminales, no redujo los índices de delitos, no evitó los asaltos violentos.

Generó, en cambio, varios problemas por los amplios huecos que dejó una ley hecha para la tribuna. De ninguna manera se logró  establecer una  política criminal de largo plazo: 15 años más tarde, se sigue hablando de lo mismo.