La familia de Leandro Alcaraz, el chofer de la línea 620 que fue asesinado el 16 de abril pasado, le abrió las puertas de su casa a MD.

“Leandro hacía el recorrido con miedo”

Lo señaló a MD Nélida Sosa, madre del chofer de la línea 620 asesinado en abril pasado en Virrey del Pino. A cuatro meses del crimen, la familia habló de las dificultades para que avance la causa y denunció que, pese a los anuncios, nada cambió para los trabajadores.

La casa de la familia de Alcaraz está ubicada sobre una calle de tierra en el B° Esperanza, un barrio emblemático de la sureña localidad de Virrey del Pino. Es la casa que construyeron sus padres, que vivieron allí casi 40 años y donde Leandro pasó el último tiempo para dejar de alquilar y terminar su casa propia.

“No puedo creer como sigo de pie. La misma bronca, la misma impotencia y el mismo dolor me da el valor para levantarme. El día a día es terrible porque nos destruyó como familia”, se lamentó Nélida Sosa, la madre de Leandro. Sostenía en su mano una imagen de su hijo, que es una entre las tantas que abundan en su hogar y que son acompañadas por banderas y placas recordatorias que le entregan a su familia.

“No tenemos justicia. Todavía no pudimos hacer el duelo por estar arriba de la justicia, para que no se nos escape nada tenemos que estar pendiente de todo”, agregó. Al momento del crimen, ella y su esposo estaban viviendo en la Provincia de Corrientes, de la que son oriundos. Ahora se vieron forzados a volver a Matanza para seguir de cerca la causa.

Chofer de vocación

Según cuenta Nélida, a Leandro siempre le gustaba de pequeño la idea de ser conductor. “No quiso estudiar porque le gustaba la profesión de chofer. Desde muy chico quiso manejar”, recordó.

El interno número 103, que siempre conducía Alcaraz, volvió a prestar servicios luego del crimen. “Nos trajo mucho dolor, pero es algo con que tenemos que aprender a convivir”, expresó Nelida. “El compañero nos dijo que el día que subió al colectivo, empezó a rezar y se sintió acompañado en la unidad”, acotó otro miembro de la familia.

“Nos sentimos contenidos por el apoyo de la gente, por los compañeros de mi hijo, pero por las autoridades no. Si bien recibimos un llamado telefónico de la intendenta, no estábamos en un momento para hablar”, agregó Sosa.

Los cambios que no llegan

Los Alcaraz señalaron que, en los primeros días tras el asesinato, mantuvieron una reunión con el ministro de seguridad bonaerense, Cristian Ritondo. “No le permitimos sacar fotos (en la reunión) porque nosotros no estamos para eso, estamos pedir justicia por mi hijo. Nos prometió que se iban a hacer cosas por la seguridad”, recordó Nélida.

Jessica, hermana de Leandro, puntualizó en que “dijeron que se iban a implementar cámaras pero eso no lo veo y siguen pasando hechos”. Se refería a la ley promulgada por María Eugenia Vidal en medio del conflicto con los choferes, que incluía créditos para que las empresas consignatarias pudieran enfrentar el costo de la instalación.

Hasta el momento, sólo algunas líneas, como la 88, 621 y 96 fueron las que colocaron cámaras en sus coches. Sin embargo, los trabajadores de la 620, una de las líneas más castigadas por la inseguridad, siguen esperando por la implementación.

“Hacía el recorrido con miedo”

Mientras que la mascota familiar irrumpía en el living, Jessica recuerda que su hermano ya le había hablado sobre el Barrio San Pedro, donde ocurrió el crimen. “Leandro nos decía que esa zona era insegura. Él siempre lo dijo, hacía ese recorrido con miedo”, reconoció la menor de las Alcaraz. “Nosotros escuchábamos cuando él hablaba de esa zona”, recordó, y agregó que cuando salía de trabajar, “mi hermano, el más grande, siempre lo iba a buscar”

Nélida aseguró  que “sabíamos que los recorridos eran inseguros y por eso todos los días eran un mensajito o una comunicación a la noche”. La línea 620 es la única que pasa por esa zona de Virrey del Pino, que se ubica a la altura del kilómetro 36 de la Ruta Nacional 3. “Los compañeros de él siguen diciendo que esa zona es fea. Debe ser horrible para ellos hacer ese recorrido y no sentirse seguros de que haya cambiado algo”, remarcó Jessica.

El padre de Leandro, que aún no habló con los medios y se emociona mucho al recordar a su hijo, prefirió no participar de la charla. Nélida aseguró que “esta lucha va a seguir sin bajar los brazos. No vamos a parar hasta saber la verdad y es la única respuesta que le vamos a poder dar a mi nieta el día de mañana”.

Una única certeza y  muchas dudas

La familia Alcaraz remarca la importancia de que sigan presentándose testigos a declarar porque la última novedad judicial del hecho fue la liberación de Jonathan Gauto, de 23 años, por falta de mérito.

Gauto habría presentado material fotográfico que lo ubicaría en un partido de fútbol a la hora que ocurrió el asesinato. De esta manera, la única certeza es que Jonathan Acevedo (18) fue el autor material del crimen ya que fue identificado por tres testigos en una rueda de reconocimientos. Acevedo no estaba arriba del colectivo, sino que esperó en la parada frente a la plaza del barrio.

Falta encontrar a la persona que protagonizó la discusión con Leandro en el interno 103 de la línea 620 por no tener su tarjeta SUBE. Hubo un menor de 17 años que fue detenido, pero lo liberaron con el correr de los días. Con ese objetivo se peritará un celular para rastrear los mensajes de texto entre Acevedo y la otra persona involucrada en el caso. 

Los Alcaraz aseguraron que la policía “no hizo todo lo que pudo. La gente ya no quería ir a declarar más porque tenían miedo y por eso pedimos que se ponga la recompensa”. Por eso, reclamaron que se ponga una retribución económica, que fue fijada en hasta $500.000, a los que aporten datos que ayuden a esclarecer cómo sucedió el crimen ese domingo en el barrio San Pedro.