Foto: Viajera en Bondi.

No tengo muchos recuerdos de mi niñez, solo vienen a mí esas imágenes donde los días mostraban poca preocupación, flashes de no saber mucho y no querer saber mucho.

Cuando era niña todo estaba repleto de colores, no me alcanzaban las manos para contarlos, para medirlos, no tenía idea de lo valiosos que eran.

Conforme crecí fui comprando en cuotas esa libertad que pude conseguir de acuerdo a mi origen, a mi clase social. La libertad que me toco por nacer donde nací y vivir donde vivo me fue acomodando las ideas y forzando dentro de mi cabeza algunos conceptos que no me cuestionaba, simplemente los aceptaba.

Caminando la calle conocí que existían muchos blancos y negros, los que saben concilian me demostraron algunos grises y empecé a preocuparme porque ya no veía esos azules, rojos, naranjas de mi infancia. Mis estructuras se comenzaron a resquebrajar.

Trabajando en un empleo rutinario pude adquirir una libertad low cost que se transformó en mi realidad. Con ese boleto pude volar bajito y despacio sin molestar demasiado y sin hacer mucho ruido. No necesitaba carretear, solo tomar el bondi que me llevaba a la oficina.

Subida nueve horas al día a una ruedita giratoria como un hámster asustado comencé a pensar que esa no era la vida que quería para mí. También me di cuenta que mucho de lo que me pasaba dependía de mí y que la situación que vivía no podría cambiarla de un día para otro.

De correr y correr hubo un día que caí sin querer, me raspe la rodilla y el escenario de mi vida se terminó por romper en mil pedazos. Me atrapo la ansiedad, la inseguridad, los miedo y el caos que implican los cambios repentinos y rotundos.

Ese viaje del trabajo a casa se volvió una odisea y ya los negros de mi paleta de colores se habían apoderado de los pinceles que pintaban mis días.

Terapia, Diván fueron de gran ayuda para acomodar las ideas en la cabeza y los objetivos en mi vida. Pero no era suficiente fue así como aquel día que aun agradezco llego a mis manos unos dibujos y un nombre que me dieron las alas que fueron creciendo en estos años y que aún se siguen desarrollando con cada trazo que dibujo o cada palabra que escribo.

Cuando me preguntan que es la libertad, creo que es hacer todo aquello que te haga bien, que ayude a otros a hacerles bien y que te libere de las presiones del afuera sumergiéndote en tu adentro para nadar en tus aguas cristalinas y descubras que del otro lado de las sombras también estas vos mismo esperándote para seguir aprendiendo y preparándote para lo que vendrá.