Los Golpes de Estado se repudian sin peros

Editorial

La afinidad ideológica no puede anteponerse a la defensa de la democracia en la región. América Latina sufrió en el siglo XX dictaduras sangrientas cuyas heridas no terminaron de cicatrizar, y lo que ocurrió en Bolivia es una muestra de que ninguna estabilidad política está garantizada.

Las comunicaciones oficiales de la Cancillería argentina reflejaron la posición política regional del presidente Macri, y no un pronunciamiento en favor del cuidado del estado de derecho en el país vecino.

Es innegable que ocurrió un golpe de Estado: las fuerzas armadas y de seguridad obligaron a renunciar a un presidente cuyo mandato vence enero próximo. El país quedó en un acefalía, merced de las turbas radicalizadas por Luis Camacho, un empresario racista y misógino que ni siquiera participó del proceso electoral.

Bolivia tenía al alcance de la mano una salida electoral y pacífica, y tiempo para discutirla. El resguardo de la institucionalidad hubiera evitado la espiralización de la violencia con consecuencias gravísimas.

Cualquier otro camino lleva a una escalada de violencia, que es lo que están mostrando en estas horas las imágenes que llegan de la paz.