La derrota que sufrieron Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en las elecciones del 11 de agosto hicieron que lo que ocurría por lo bajo pase a ser explícito: los intendentes de Cambiemos del conurbano salieron a despegarse de la marca oficialista para intentar salvar su gestión en los municipios.

La “municipalización” de la campaña electoral incluye tratar temas sólo locales, mostrarse en carteles en soledad y apelar al corte de boleta. Es que las PASO dejaron al mapa de votos bonaerense pintado de celeste y fueron pocos los intendentes oficialistas que se salvaron de la aspiradora de votos del Frente de Todos.

Los únicos que no sufrieron el arrastre negativo fueron Jorge Macri (Vicente López), Jaime Méndez (San Miguel) y el histórico barón del conurbano, Gustavo Posse (San Isidro).

Pero el resto, perdió por una diferencia de entre 20 y 7 puntos. Los afectados son Martiniano Molina (Quilmes) que perdió por más de veinte puntos, Nicolás Ducoté (Pilar) y Néstor Grindetti (Lanús), que quedaron abajo por 13 puntos, Diego Valenzuela (3 de Febrero) perdió por 12 y Ramiro Tagliaferro (Morón) quedó a alrededor de 7 abajo.