Llega un momento en tu vida donde te asqueas de aguantar, de callar, de reír sin ganas, te aburrís de escuchar argumentos sin sentido o de llorar a escondidas.

Te hartás de que el sueldo te suelte la mano a mitad de mes y te deje huérfano de esperanza, que el poder te trate como un número más o un número menos según les conviene a sus estadísticas, a sus propósitos.

Cuando ese hartazgo te secuestra la alegría el fuego interno que todos tenemos comienza a hacer combustión, se empieza a encender y si lo dejas crecer, madurar, vas a cambiar, vas a querer desgarrar ese envestidura que te impusieron para vestir finalmente tu mejor ropa, mostrar tu mejor versión, ser integro sin importar las voces que hablan a tus oídos sin saber todo lo que tenes para dar y para sentir.

Ahora que el calor te hace bailar tu propio ritmo sin sentir el frío de quienes te ignoran o te dañan elevarte es la tarea prioritaria, volar un poco más alto que tus propias limitaciones para ver todo el panorama completo.

La vida está construida de las decisiones que tomamos, algunas nos llevan a callejones sin salida, otros nos dirigen a lugar que jamás pensamos y que agradecemos con el tiempo haber elegido ya que nos hicieron fuertes, precisos, claros y sobre todo coherentes.

Cuando la llama de tu pasión comience a salirte por los poros de tu nueva piel aguántate el ardor del cambio, aguanta que la gente mínima de mente deje de entenderte y se aleje porque eso significa que estas acomodando lo que pensás, lo que sentís y lo que vivís en un mismo sendero que te va a llevar a un lugar alejado de la rutina y de la mediocridad donde nos estancamos porque es más cómodo. Pero esa comodidad con el tiempo se vuelve una cruz difícil de llevar para los que creemos que la vida es mutar y crecer.

Cuando el alma está rota o resquebrajada por tratar de encajarla en un cuerpo que vibra distinto o por oír a tu mente que no para de hablarte, ese es el momento de hacer silencio y escucharte. Darle lugar a ese soplido suave, cálido de tus origines y soltar lo que te pesa, lo que duele, lo que desgarra tu futuro.

Si mientras lees estas líneas no estás donde querés estar, no estás con quién querés estar o no sos lo que querés ser te doy mi mano para que traspases tus miedos y nos encontremos del otro lado para brindar que todo valió la pena y que fuimos capaces de dar el gran salto a nuestro verdadero ser.