Foto ilustrativa.

La historia no es una ciencia exacta, los hechos y los documentos históricos están sujetos a permanentes cuestionamientos y críticas y estos, a su vez, siempre se encuentran presionados por el momento histórico, las circunstancias y los interlocutores. A pesar de todo ello es posible certificar momentos que, vistos a la distancia, cobran una dimensión superior a otros, instantes que tendrán un impacto trascendente en el presente de las siguientes generaciones. Rescatar esos momentos es una tarea necesaria.

Cuando Pedro Dionisio Ezcurra Pardo acepta ser en 1904, jefe del Departamento de Ganadería del Ministerio de Agricultura, y tres años más tarde es nombrado por el presidente José Figueroa Alcorta como titular del Ministerio, seguramente no esperaba ser partícipe de un acontecimiento histórico de la magnitud que le tocó vivir.

Hijo de Pedro Tomás de Ezcurra Fuentes, nace en La Matanza el 9 de octubre de 1859, como consta en acta bautismal de la Iglesia de La Merced de Buenos Aires del 12 de
noviembre de 1859. El censo de 1869 lo encuentra con 10 años, viviendo en la estancia El Pino la misma que en el pasado perteneciera a Juan Manuel de Rosas y que su padre heredara de su abuelo José María Ezcurra, hermano de Encarnación esposa del Restaurador.

Pedro en 1886 se recibe de ingeniero, inquieto y aventurero, en 1890 lo encontramos con el ingeniero Octavio Pico trabajando en la demarcación de fronteras con Chile, en 1893 realiza el primer plano completo del territorio Nacional de Chubut y tiempo después está en Misiones, defendiendo el territorio nacional en el laudo arbitral por el conflicto con Brasil.

Entre todo esto tiene tiempo y se casa con Marta Real de Azúa Muñoz en 1894. En 1896 nace su primer hijo, llegarán con los años 11 niños más.

Sucedió entonces que el 13 de diciembre de 1907 Pedro recibe un telegrama. Juan Fuch y Enrique Hermitte, que trabajaban en una exploración que aparentemente buscaba agua en
Comodoro Rivadavia, comunican que habían hallado petróleo con un nivel de reservas nunca visto en el país. La situación requería una respuesta urgente, la importancia del hecho y los intereses creados a su alrededor imponían una decisión por parte del Estado.

Los gobiernos de la época respondían al modelo liberal iniciado en el siglo XIX, que considera que el Estado no debe intervenir en la economía y que la actividad privada debe ser liberada. En nuestro país eso significó que la gran industria quedara en manos del capital extranjero, en especial el Inglés, el cual estaba sumamente interesado en mantenernos como importadores de combustibles, es de suponer, que una noticia como esta resultaba muy preocupante. Casi inmediatamente se ponen en movimiento los lobby y las presiones sobre el gobierno, nos encontramos ante un momento de definiciones.

Pedro Ezcurra, se reúne con el presidente Alcorta, lo informa de la situación y las crónicas de la época sostienen que lo aconseja incluso en contra de la opinión de otros ministros. El 14 de diciembre de 1907 se promulga un decreto presidencial que dice:

“Artículo 1º – Queda prohibida la denuncia de pertenencias mineras y concesiones de
permisos de cateos en el puerto de Comodoro Rivadavia, territorio del Chubut, en un radio
de 5 leguas kilométricas, a todo rumbo, contándose desde el centro de la población.
Artículo 2º – Comuníquese, publíquese y dese al registro nacional”
Figueroa Alcorta
Pedro Ezcurra

Este hecho es el primero que inicia el debate sobre la propiedad de los recursos de la tierra en la Argentina. La expropiación por parte del Estado de 200 mil hectáreas va a dar inicio a nuestra larga tradición proteccionista en materia de energía.

En los años posteriores la tremenda presión externa y sus representantes internos, siempre dispuestos a ceder soberanía en nombre de la empresa y la ganancia, obtendrán leyes que cuestionarán esta iniciativa. En 1910 el congreso vota una ley que reduce el espacio a solo cinco mil hectáreas y decenas de oportunistas se apuran a presentar permisos de explotación que nunca se llevarán adelante y que tienen el único objetivo que el país no pueda generar la extracción, obligado entonces, a comprarlo en el exterior. Para la misma fecha Pedro Ezcurra ya no será ministro.

En un momento concreto de nuestra historia, cuando fue necesario tomar una decisión y los tiempos se volvieron urgencia, Pedro Dionisio Ezcurra Pardo supo que su función era
defender la soberanía nacional por sobre los intereses privados. No fue ajeno a su tiempo,
era hijo de estancieros y un liberal convencido, pero probablemente, los años que había pasado recorriendo las fronteras del país y viendo sus riquezas le dieron una perspectiva distinta de las necesidades y las tareas.

A nosotros hoy nos interesa decir que Pedro Ezcurra nació en Virrey del Pino, La Matanza, provincia de Buenos Aires, Argentina.

* Escrito por Sergio Laurenza, profesor en Historia e integrante del IPHC-LM.