Laminación Gorriti es una empresa laminadora de metales que llevaba once años ubicada en la calle Gorriti al 250, en Tablada. Llegó a ese lugar tras presentar la quiebra de otra laminadora del mismo dueño, Gregorio Piterman, que estaba ubicada en otro sector y bajo el nombre “Laminación Quintana”. Es decir, el empresario ya tiene antecedentes de cierre de fábricas y desmanejos.

La empresa que ahora están intentando defender los trabajadores llegó a tener una producción de 60 toneladas por mes en su punto cúlmine, pero en sus últimos meses de trabajo apenas alcanzó la cifra de 3 toneladas mensuales. Supo tener más de cuarenta empleados, pero su plantel se redujo a menos de veinte al momento de su cierre.

Los trabajadores notaron la crisis de la fábrica a medida que se iba reduciendo la materia prima y no se reponía, lo que les hacía prever una baja en la producción y en las horas de trabajo. Cuando la crisis estuvo totalmente instalada, el empresario les envió el telegrama de despido a todos, pero aún no les empezó a pagar las indemnizaciones.

A pesar de haber llegado a un acuerdo de cobrar el 80% del sueldo como resarcimiento, el abogado del empresario justifica el retraso en el pago argumentando que deben esperar a que se venda el galpón principal y que luego, con ese dinero, se podrán saldar las deudas. Los trabajadores desconfían de esa razón y creen que es una excusa para estirar los tiempos.

La lucha de los empleados no se detiene, ya que quieren defender todo lo posible su fuente de trabajo, pero también es contraproducente, debido a que el tiempo avanza y no hay soluciones a la vista. Esto los mantiene en el limbo entre seguir intentando recuperar su fábrica o buscar otro empleo, a la vez que su economía los apremia y el margen cada vez se hace más chico.