La guerra comercial entre Estados Unidos y China escaló a un nuevo nivel. El gobierno norteamericano vetó a la empresa de tecnología Huawei y ordenó a las empresas estadounidenses que anulen toda operación conjunta con la filial china.

La orden es un misil directo a la compañía que es la tercera en ventas a nivel mundial y que se encamina a encabezar el ranking mundial en los próximos años, superando a pesos pesados como Apple, que, paradójicamente, también puede salir golpeada por el conflicto.

El veto ordenado por Donald Trump significa que ninguna de las grandes empresas como Google, Qualcomm, Facebook o Microsoft puedan comercializar con Huawei sin la autorización previa de la Casa Blanca.

El golpe más duro es que los dispositivos móviles de la empresa no contarán con las actualizaciones de seguridad que ofrece Google ni con las aplicaciones asociadas. La primer complicación parece de más fácil resolución que la segunda: Huawei deberá ingeniárselas para brindar el servicio de actualización, algo que está en el marco de sus posibilidades. De hecho, ya cuenta con una herramienta de este estilo para los móviles que usa en China.

Pero en el caso de las apps, las próximas versiones de los móviles Huawei no podrán contar de ahora en más con aplicaciones y servicios populares como YouTube o Maps, ni las nuevas apps que se incorporen en la tienda Google Play Store, ni al correo electrónico Gmail. Este parece ser el principal problema de la fábrica china, ya que cambiar sobre la marcha el sistema informático puede llevar un tiempo prolongado.

Otro de los inconvenientes que deberá afrontar la empresa tecnológica es la referida a los componentes de los equipos, ya que Qualcomm, el principal fabricante de microprocesadores, no podrá hacer negocios con ellos. Pero Huawei tiene su propia marca de chips, Kirin, y su propia línea de módems, además que no tendrá problemas en encontrar proveedores de pantallas, baterías y memorias en la propia China.

De forma paradójica, la medida volvió como un boomerang y golpeó las acciones de Apple. Esto se da porque se espera que el gobierno chino efectúe represarias y determine que los fabricantes de su país suspendan las relaciones comerciales que tienen con empresas norteamericanas. También se podría imponer una nueva subida de aranceles a todos los productos de Apple, lo que golpearía fuertemente a la firma con sede en California.

De todas formas, el conflicto afecta notoriamente a Huawei que quedaría con la imagen afectada, ya que nada impide que más adelante vuelva a sufrir un bloqueo similar. Mirando como espectadoras, las únicas que -por el momento- pueden sacar un beneficio son las otras compañías chinas, que tienen al principal competidor afectado, y la surcoreana Samsung, que podrá utilizar este momento para posicionarse mejor en el mercado.

La tensión entre los países dan cuenta de una nueva reconfiguración que se viene dando en las relaciones económicas en el mundo, en la que EE.UU. salió a jugar fuerte para seguir siendo la potencia hegemónica a nivel global. Las medidas se tomaron previo al lanzamiento del 5G en todo el mundo, en medio de las denuncias de Trump de que permitir que una compañía china participe en algo tan crucial como las redes de telecomunicaciones del país, implicaría un problema de seguridad nacional.

La justificación entonces, es que las empresas podrían ser usados para espiar al gobierno de EE.UU. De hecho, la semana pasada Trump firmó una orden que le permite a su gobierno impedir que las operadoras compren equipos de telecomunicaciones de fabricación extranjera, sin importar su origen. Así las cosas, Xi Jinping y Donald Trump recién se verán las caras el mes próximo en la Cumbre del G-20, en Japón.