Si hay una grieta, es entre solidarios y miserables

Editorial

La pandemia del Covid-19 puso contra las cuerdas al mundo como nunca antes. A la necesidad de la cuarentena, se le suma una crisis económica inédita por la caída de la actividad. En ese sentido, el gobierno nacional se ha mostrado prudente a la hora de tomar medidas para atender las urgencias.

Ante la posibilidad de que se grave con un impuesto especial a las 12 mil personas que poseen las mayores fortunas del país, los dueños de todo respondieron con virulencia para defender sus privilegios. Lo hicieron a través de sus formadores de opinión, autoproclamados periodistas.

No es una cuestión de afectación del modo de vida de esas personas, ni de gestualidad macroeconómica para atraer inversiones. Es una posición política: la cuestión no es por el 1% de sus inmensas fortunas, sino el acto simbólico del ejercicio del poder fáctico sobre el Estado y el resto de la sociedad.

Y todo esto sin que se cuestione la legitimidad de esas fortunas, ni la fuga de capitales que hace que aparezcan miles de millones de dólares de argentinos cada vez que se filtra información desde los paraísos financieros.

En el otro extremo, abundan los ejemplos de familias humildes que en momentos de necesidad abren la puerta de su casa para compartir lo poco que tienen con sus vecinos.

En este caso, afortunadamente los ricos son minoría.